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La prometida crónica de un encuentro memorable en Sevilla La Carbonería, 18 de junio 2002
Nueve y
media de la tarde, los termómetros de Sevilla llegaron a marcar por
encima de los cuarenta grados, “Qué calor hace en tu tierra” me
dijo sonriendo al final de la tarde. Me fui temprano, por aquello de los controles policiales por la Cumbre Mundial. A través de un plano me fui guiando hasta llegar a La Carbonería, un local amplio, distinto, agradable, algo caluroso, con muchas salas, un hermoso patio y un trato exquisito. Los técnicos ya trabajaban para
tenerlo todo listo. Desde las seis fui testigo de la puesta a punto del
evento. Me dejaron entrar y quedarme allí para verlo todo preparar. A las
siete de la tarde se abrieron las puertas del local, y comenzó a fluir
lentamente el público hasta abarrotar un patio inmenso, lleno de
plantas, mesas y sillas azules y plátanos que colgaban naturales. Acomodados
ya, y sobre las ocho y diez, empezó una proyección donde se mezclaban
las imágenes del libro, de Teresa Mendoza, partes de entrevistas a
Arturo, imágenes de Méjico, y como banda sonora, el corrido que inspiró
a Arturo para escribir este narcocorrido de más de 400 páginas. Terminada
esta, y del acceso trasero del local aparecieron Rafael de Cózar, profesor
de literatura de la Universidad de Sevilla y Presidente
de la Asociación Colegial de Escritores Andaluces, Arturo
Pérez-Reverte, y Juan Eslava Galán, escritor, que entre aplausos,
saludos y sonrisas, buscaron acomodo en una tarima, con tres sillas
amplias, de madera, cerca de una mesa con vasos, agua y tequila. En dos
de ellos podía leerse, “La reina del Sur”. Arturo,
al entrar, mostró esa sonrisa y mirada suya entre tímida, prudente y a
la vez cercana, o esa impresión me dio, cuando accedía al lugar. Pero
un rato entre amigos, buena conversación y un par de tequilas rompieron
todos los hielos del mundo. Compartimos sonrisas y risas, estuvo...cercano, relajado, sonriente, inteligente, divertido y muy
amable (amén de muy atractivo), supo ganarnos a todos. De principio a
fin, desde la charla con los escritores, a la que mantuvo con el público
o en las firmas. De hecho, se
dieron momentos muy emotivos, especialmente cuando Arturo prometió leer
la novela que un asistente, un hombre sencillo, “yo sólo soy albañil”,
le había mandado a la editorial. Fue la primera intervención del público.
Un hombre que reconoció su profunda gratitud a Arturo por su obra. Y a
quien debía que su mujer hubiese deseado aprender a leer. Y la tarde
proseguía, ¿te acuerdas de la piel del tambor cuando te vestiste de
cura para sentir a tu personaje? ¿En este caso te has convertido en
mujer? Entre risas así preguntaba Rafael de Cózar, siempre
profundizando y salpicando la tarde de notas de humor, cómo era posible
que hubiese sido capaz de acercarse tanto al alma de una mujer. Todo se
centraba en un único eje, la mujer. Teresa Mendoza no es más que el
producto de muchos años de investigación en el corazón y alma de la
mujer. “La mujer
es un soldado en territorio hostil. En un mundo cuyas reglas están
hechas por y para los hombres.” En esta
novela, Arturo por primera vez en su vida se pone en la piel de Ella. El
profesor de literatura le preguntaba porqué Teresa a pesar de ser tan
dura y fuerte, se mostraba a veces débil. Tánger Soto no mostraba esos
puntos débiles. Y Arturo, maestro, acertado, dijo que se equivocaba,
que Teresa era tan dura o más que Tánger, sólo que en esta novela podíamos
ver lo que ella sentía, su mundo interior, mientras que en La Carta Esférica,
esa parte de la mujer quedaba oculta. Un viaje al
corazón de la mujer desde sus más tempranas novelas, a la que fue
acercándose poco a poco. En la Carta Esférica casi la roza, pero no es
hasta La Reina del Sur, hasta Teresa que consigue penetrar en ella. No voy a añadir
más de lo que ampliamente se ha comentado sobre su visión de la mujer,
pero Arturo en este libro hace un viaje al centro mismo de nosotras. Y
no presupone valor, sólo en las heroínas de novelas, o de la vida, cómo
le pregunté, sino que su concepto amplio de toda mujer en su boca es un
inconmensurable canto de admiración a nuestro sexo. Don Arturo
fue muy generoso en sus respuestas. Argumentaba
que todas las mujeres que pasaron por su vida, y especialmente su hija
que pronto se enfrentaría al mundo, han sido su fuente de inspiración. Arturo estuvo
muy cercano, sus respuestas eran amplias, le gusta hablar y nos
escuchaba con ganas. Amén de haberse entregado en lo que yo no llamaría
rueda de prensa, sino más bien encuentro entre amigos. Cómo a él le
atrae. Una conversación lúcida, profunda y en confianza, sin
protocolos. “tal vez en
la próxima novela hable de algo totalmente diferente, porque ya haya
llegado a donde necesitaba llegar... talvez ya conseguí meterme en la
piel de la mujer, conocerla y entenderla... al menos eso es lo que he
intentado... pero eso lo sabré cuando me siente a escribir la siguiente...
” También quise saber porqué le pusieron rostro a Teresa. Y tal y cómo imaginé, fue una decisión de la editorial. Cuestión de marketing. La charla
proseguía por distintos derroteros, Méjico, la fiesta a la que fue
invitado. Él decía que había narcos de dos generaciones, una, la
primera, los típicos que de la nada se hacían con todo. "Mejor
cinco años cómo rey que cincuenta como buey...". En ese breve espacio de tiempo pretendían disponer de todo lo que la vida ofrece,
mujeres, lujo, coches... después estaban los de segunda generación, más
inteligentes, cuya vida es más larga que la de los primeros, dado que
trataban de no ostentar y conservarla. A una de esas fiestas, de las de primera generación, fue invitado Arturo, y la descripción en su boca era increíble, corría de todo... .Bromeó con ambos contertulios y habló con distendida naturalidad sobre los detalles que de la obra se iban desgranando, evitando en todo momento “destripar la obra”. De sus métodos para obtener información, dijo "sabiendo escuchar, nunca tomando notas, y a base invitar a rondas... y cada vez que me tocaba, mi visa se volvía loca...". Y todo esto lo contaba acompañado de chupitos de tequila Reposado, que no dejó de rodar y caladas de cigarrillo que Arturo pedía al profesor. Pérez-Reverte
comentó que en cada novela plantea un misterio. En esta ocasión, el
misterio está en Teresa. Y nos toca a nosotros descubrirlo. Arturo sentía
nostalgia de Teresa, la echaba de menos, hablaba de ella en pasado, cómo
si se hubiese perdido de su vida, cómo si se hubiese roto una relación. Y así fue. Ahora es nuestro turno de
darle nueva vida. Y descubrir en ella ese misterio por resolver. “A Teresa,
esta historia de Teresa” así empezaba su dedicatoria en mi libro. Sus
palabras, ese par de besos espontáneos que no esperaba, ese recordarme
que había algo que tendría muy en cuenta con un gesto me tocó el
alma. No puedo negarlo, el resto prefiero dejarlo para mi. En ese rincón
de soledad que todas llevamos dentro. Pacientemente, y con una inacabable sonrisa y simpatía en el rostro, estuvo durante más de una hora firmando autógrafos. En verdad que merece mención especial su humilde entrega y agradable trato para con todos lo que allí estuvimos. Gracias Arturo por regalarnos esa preciosa tarde. Y por las que queden... ojalá así sea. Teresa |
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Otras crónicas del mismo evento también publicadas en el foro icorso |
| Esta noche es un poco tarde,
pero intentaré dejaros la crónica de una increíble tarde en el local
"La Carbonería", con fotos incluídas muy pronto. (muchas) Donde tuve la oportunidad de hablar (literalmente) con el maestro. Para adelantar, una presentación soberbia, una distendida charla entre Juan Eslava Galán, escritor, Rafael de Cózar, profesor de literatura de la Universidad de Sevilla y especialistas en Literatura y Siglo de Oro español, y Arturo, (con una buena botella de tequila reposado en la mesa). Para terminar con la participación en la charla de algunos de los que estuvimos allí. Arturo estuvo...cercano, relajado, inteligente y muy amable (amén de muy atractivo), supo ganarnos a todos. Pero ya digo, os contaré con más detenimiento. También he de añadir que tuve la suerte de conocer a Merche, (Burnel), encantadora cómo la que más, al igual que su marido. Fue una suerte estar allí. Mereció la pena. Bonita noche que no olvidaré y de la que ojalá queden secuelas. Sigo creyendo en los sueños Sr Pérez-Reverte, sigo luchando por ellos. Un saludo Teresa 18 de junio 2002
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| Tuve la oportunidad de
asistir el martes 18 a La Carbonería y poder ver en persona a D. Arturo
Pérez-Reverte. Para mí fue una experiencia inolvidable. La conversación
fue distendida y agradable y entrabando en detalles sobre el libro pero
sin revelar nada. Llegando al final y antes da acabar la charla ésta se abrió a todos de la siguiente forma: Arturo Pérez-Reverte: Pues ya está, ¿no? [Inaudible] Rafael de Cózar: Bueno antes de cortar que intervenga alguien del público. APR: Si alguien quiere, que intervenga, porque esto es una charla de amigos como veis. Esto no es nada formal, nada riguroso y si alguno tiene algún comentario para cualquiera de los tres será perfectamente bien recibido [...] A partir de aquí, comenzaron preguntas y comentarios. No duraron mucho pero sí dieron mucho de sí, tocando fundamentalmente el tema de la mujer (como durante toda la presentación). En una ocasión D. Arturo tuvo que zanjar un conato de debate sobre la visión de la mujer con un golpe del vaso con tequila sobre la mesa, dejando a su contertulia no muy alegre (supongo que por no compartir el punto de vista y la forma de acabar con la discusión). Tras ésto ya hubo tan sólo dos o tres preguntas y comenzó la ronda para firmar los libros. Pero el detalle bonito, que es a lo que viene este mensaje, se produjo al principio de esa ronda de preguntas, con la primera intervención. Fue de un hombre de unos 50 años. Estaba en primera fila delante mía y llevaba, al igual que yo, desde que se abrieron las puertas de La Carbonería allí sentado con su esposa. Cuando intervino se le notaba contento, pero eso me lo reveló su voz ya que no podía ver su cara, y le dió las gracias a D. Arturo. Gracias, según él, porque él era albañil, nunca había leído y su esposa era analfabeta, pero gracias a la afición a la lectura que D. Arturo había alimentado en él había leído sus libros y artículos e incluso había escrito uno "El cantar de lo relojes", del que se habían publicado 150 ejemplares (sólo para los amigos) y uno de ellos se lo había mandado a la editorial de D. Arturo. Comentaba este hombre que D. Arturo le regalaba momentos de felicidad que en su vida cotidiana no tenía y que incluso su mujer había aprendido a leer en un centro cívico de su localidad. Ahora toda su familia lee los artículos que D. Arturo escribe en El Semanal. En definitiva esta fué la parte que más me gustó de toda la presentación y fué un detalle precioso y de unión, ya que, de forma distinta, yo también tengo que darle las gracias a D. Arturo. Así que no se si leerá esto, pero GRACIAS POR ESOS MOMENTOS. Angel_negro |
"Aún me sorprendo cuando una mujer me dice te quiero" fue a bocajarro, cuando le pregunté por la mujer, no me esperaba una respuesta tan extensa y sobre todo tan directa y entregada. Ya dije que todo se centraba en un viaje al corazón de la mujer. |
| Enviado al Semanal 8 de julio 2002 |
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“A
machete limpio” Un
par de semanas para lo que para él supuso un parto de 29 meses. ¿Crudo
eh? Satisfacción
mezclada con una sensación de desasosiego y angustia durante días.
Acabas y te quedas cómo ausente, extraña, sola, por muy rodeada que
estés. Y sigues
maldiciendo a Arturo por hacer que ese narcorrido en realidad dure tres
minutos y no, más de 500 páginas. Pero especialmente lo maldices por
ser capaz de llegar a tus entrañas a bocajarro, sin pudor, asaltándote.
Para luego abandonarte de golpe tras haber franqueado esa puerta. Arturo
ha llegado a penetrar no sé cómo en mi interior, en ese espacio de
soledad y sentimiento que
llevamos dentro y pocos perciben. Ya con Tánger Soto se nos acercó
peligrosamente, ahora con Teresa nos entra a machete limpio. Uno
sabe bien que la vida es muy puñetera y se ríe de nosotros cómo me
respondía en Sevilla en su presentación, pero aún
los hay que se preocupan y atreven a ir más allá de lo evidente. Eso
no tiene precio. Gracias Arturo por intentarlo y conseguirlo, por esas magníficas 500 páginas que fueron tres minutos impresionantes, por ese acercamiento tan sincero que has tenido en tus presentaciones con tus lectores y por aceptar hasta lo más insignificante cómo si fuera algo grandioso. Jamás olvidaré esa tarde. Teresa |