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Amar Bretaña
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BRETAÑA:
Hagamos un poco de historia Antiguamente,
la región formaba parte de Armórica (al noroeste de Francia), el
centro de una confederación de tribus celtas cimbrias. Los romanos,
bajo las órdenes de Julio César, invadieron la zona en el año 56 a.C.
y a partir de entonces se convirtió en la provincia romana de Galia
Lugdunensis. En los siglos V y VI d.C., tras la retirada de los romanos,
muchos britanos (celtas nativos de Britania), al huir de su tierra natal
a causa de las invasiones de anglos y sajones, se refugiaron en la parte
noroeste de Armórica. Ellos dieron a la región su nombre actual: Bretaña.
Los britanos (más tarde llamados bretones) convirtieron gradualmente al
cristianismo a los celtas armóricos, que por entonces eran en su mayoría
paganos. En
los siglos VII y VIII surgieron varios pequeños principados en Bretaña.
A principios del siglo IX, estos principados cayeron bajo el dominio de
Carlomagno, pero en 846, Nomenöe, que había unido la zona contra los
invasores, lideró a los bretones contra el nieto de Carlomagno, el
emperador Carlos II, y consiguió la independencia. Durante la segunda
mitad del siglo IX, los bretones reconocieron el gobierno de los duques
normandos. En el 922, Geoffrey, conde de Rennes, se proclamó duque de
Bretaña. En 1171 el ducado pasó, a través de una alianza matrimonial,
a Geoffrey Plantagenet, hijo de Enrique II de Inglaterra. A principios
del siglo XIII volvió a manos del linaje de duques franceses de Rennes.
En 1491, cuando Ana de Bretaña, que había heredado el ducado, se casó
con Carlos VIII de Francia, Bretaña se unió temporalmente a Francia.
La unión fue ratificada mediante un tratado en 1532, durante el reinado
del rey francés Francisco I, que se había casado con Claude, la hija
de Ana de Bretaña. Armórica o Bretona, la península
Occidental siempre ha sido tierra de poetas. Entre los siglos X y XI, la
reputación de los trovadores y los narradores bretones se extendía por
toda Europa. Clima: Suave y saludable.
Clima oceánico. Inviernos suaves, veranos generalmente templados y
secos, lo que permite el desarrollo de plantas exóticas; camelias,
mimosas, hortensias, rosas. El alma de Bretaña sin embargo es el
viento, el que desnuda los cabos y acantilados. El yodo contra la
angustia está en todas partes, aire, mar, alimentos. Pueblo costero y
marino. Maestros de los mares occidentales. Bretaña es hoy la región
del mundo que ofrece a los apasionados de la prehistoria, las
concentraciones más importantes de megalitos. Menhires, dólmenes, túmulos,
caminos cubiertos, peulvens, cromlechs... El alma bretona al igual que la misma Bretaña,
escapa de un inventario demasiado sistemático.
No se termina nunca de enumerar los componentes y las
manifestaciones. Si sueñas
con unidad, no es aquí donde hay que venir.
En esta región, todo es múltiple, contradictorio, difícil de
identificar. Y sin embargo, de su carácter, los paisajes y los hombres
tienen entre ellos afinidades secretas, que milenarios de amor
compartido han inscrito en el suelo, en el cielo y en los corazones.
La tempestad y la tormenta no levantan únicamente el océano;
hinchan las almas y mojan los caracteres.
La misma bruma no se limita a cubrir con su manto de algodón los
cabos y las islas del extremo del mundo; algunas veces incluso insinúa
en lo más profundo del ser, una dulzura crepuscular, propia de una
meditación. Pero lo mismo que un rayo de sol restituye a las costas sus
contornos cincelados, el corazón del Bretón se aclara nuevamente y
entonces sabe, mejor que nadie, hacer realidad los proyectos más
audaces. Formado en la dificultad, atenazado por la necesidad de
combatir, el hombre de Armórica, no duda en lanzarse a la defensa de
las causas perdidas, únicamente por la belleza del gesto. Pero si por
casualidad, la victoria recompensa su esfuerzo, entonces su triunfo, la
mayoría de las veces, sabe permanecer modesto. ¿ Taciturno? No. No es la
palabra conveniente para calificar el carácter bretón. Este puede
seguramente permanecer largas horas sin sentir la necesidad de
confiarse. Pero este silencio no es nunca definitivo. Cuando su atención
se fija en una idea firme, hele aquí hablador, entusiasta, apasionado.
A veces, incluso insensible a toda argumentacin contraria. Valiente,
lo es: más a menudo todavía, temerario. sólo una cosa le asusta : ¿
la muerte? ¡ Ciertamente no! Es la compañera de cada uno de sus
instantes. No. Sencillamente el miedo al ridículo. Este temor a que se
rían de él, explica a menudo su reserva. A dos pasos del éxito, una
sonrisa irónica, puede hacerle perder parte de sus facultades. Por esto
sin duda, este orgullo, esta reserva, este pudor que frecuentemente sólo
le sirven para ocultar su timidez. LA CASA DE BRETAÑA- 1133: Tratado de Gisors, Luis VI el Gordo, rey de Francia, reconoce la soberanía feudal de los duques de Normandía, convertidos en reyes de Inglaterra, sobre los condes de Bretaña. -
1148-1203: soberanía de los Plantagenet de Inglaterra sobre Bretaña - 1203:
muerte del conde Geoffroy de Bretaña. Su hijo Arturo es asesinado por
su tío Juan sin Tierra. El feudo bretón le toca en suerte a
mediohermana de Arturo, la princesa Alix, que casó pronto con Pedro de
Dreux, bisnieto de Luis el Gordo. Bretaña, bajo la soberacía de los
Capetos y los príncipes bretones, rinde pleitesía directamente al rey
de Francia. Se trata de una sumisión simple y no de la sumisión
feudal. Pedro
I, Conde de Bretaña y Alix de Thouars (s. XIII) (gobierna 1212-1237) Esposo de Alix (hermana de Arturo), duque de Bretaña, asesinado por su tío, Juan sin Tierra) duque a la muerte de Alix en 1237. &
Duque de Bretaña llamado Mauclerc, hijo de Roberto, conde de Dreux;
adquirió el ducado de Bretaña por su matrimonio con Alicia (Alix) ,
hija de Guid de Thouars, en 1212. Reducido, a la muerte de su mujer en
1221, al simple título de duque. Asegura realmente el poder y se vuelve
rápidamente contra los reyes de Francia, primero contra Felipe Augusto
y llegó a ser en 1226, en unión de Tibaldo, conde de Champaña, uno de
los jefes de la liga de los grandes vasallos contra Blanca de Castilla.
Más tarde contra el propio rey San Luis, de nuevo rinde pleitesía al
rey de Inglaterra. En 1240, durante la minoría de Luis IX, pasó a
Palestina; acompañó a este príncipe en la primera expedición a
Egipto en 1248, y murió al volver durante la travesía. De nuevo se
rinde pleitesía al rey de Inglaterra. Juan
I, Conde de Bretaña (1217-1286) (gobierna 1237-1286) &
Duque de Bretaña, llamado el Rojo,
que nació en 1217 y murió
en 1286. Era hijo de Pedro Mauclerc, a quien sucedió en 1237;
casó a su hijo con la hija del rey de Inglaterra, obteniendo así la
restitución del condado de Hichemont, quitado por aquel rey a su padre;
acompañó a San Luis a la cruzada y le vio morir en África; tuvo
algunos altercados con los obispos de su país, y aumentó sus dominios
con el condado de León. Desde 1250, los condes de Bretaña se
consideran vasallos del rey de Francia. Juan
II, Duque de Bretaña (gobierna 1286-1305) Durante
unos años, este duque de bretaña, sucesor de Juan I, se vuelve de
nuevo hacia Inglaterra, pero se reconcilia con el rey de Francia Felipe
el Hermoso que, como recompensa, hace de Bretaña un ducado. Arturo II duque de Bretaña ( gobierna 1305-1312)Se
casa sucesivamente en 1275 con María,
Vizcondesa de Lomoges y en 1291 con Yolanda de Dreux Juan
III, Duque de Bretaña (1286-1341) (gobierna 1312-1341) Duque
de Bretaña, llamado el Bueno, hijo de Arturo II y de María,
Vizcondesa de Limoges. Nació en 1286 y murió
en 1341. Sucedió a su padre en 1312; acompañó al rey Felipe IV
de Valois en su expedición a Flandes, a la cabeza de 8.000 hombres, y
murió al volver de ella, sin dejar sucesión legítima. 1341-1364
Carlos de Bois, Duque de Bretaña (1345-1364) Dos
sucesores revindican el ducado, Juana de Penthièvres, esposa de Carlos
de Blois (sobrino del rey de Francia) y al que Juan III designa como su
sucesor y su hermanastro (hijo de Arturo II y Yolanda de Dreux) , Juan
de Montfort, aliado al rey de Inglaterra. Es el desencadenamiento
de la guerra de sucesión de Bretaña que, de hecho, se incluye en la
guerra de los Cien Años. 24 años de combates, asesinatos, pillajes,
miserias... Resalta una figura, Du Guesclin, (condestable) que está con
Francia y por lo tanto se ve forzado a combatir contra sus propios
compatriotas, comprometidos la mayoría con los Montfort. Los
penthièvres son vencidos por 1ª vez en la Roche-Derrien en 1347 (un año
después de la batalla de Crécy); por 2ª vez en Auray, donde Carlos de
Blois, encuentra la muerte (1364). Los Montfort cogen las riendas de los
asuntos bretones. Juan
IV de Monfort, Duque de Bretaña (¿-1345) (en disputa del 41 al 45) Duque
de Bretaña, hijo de Arturo II y hermanastro de Juan III. Murió en
1345. Disputó la herencia a Carlos de Blois, designado por aquél como
sucesor. Sitiado en Nantes, tuvo que rendirse. Pero su mujer, Juana de
Flandes, pidió auxilios a Inglaterra, cuyo rey fue en persona a Bretaña,
y poco después acudió el rey de Francia con lo que lucha adquirió
grandes proporciones. El Papa intervino y consiguió que se dejase
resolver la cuestión a los dos pretendientes. Fugado Juan de Monfort de
su prisión, llegó a sus estados y murió al poco tiempo. Dejó un hijo
que recobró el ducado de Bretaña. Jane, condesa de Montford, durante
las guerras de Inglaterra, a mediados del siglo XIV, varias mujeres
defendieron a sus países en los campos de batalla. Una de las más
conocidas fue Jane quien condujo personalmente a sus tropas y derrotó a
Carlos de Blois en Hennebonne. Más tarde participó en una batalla
naval junto a las costas de la isla de Guernsey. Juan
V, Duque de Bretaña (1338-1399) (gobierna 1364-1399) &Duque
de Bretaña, llamado el Valeroso, hijo de Juan IV de
Monfort. Nació en 1338 y murió en
1399. Entró en pacífica posesión del ducado de Bretaña a la muerte
de Carlos de Blois en 1364; se alió con Inglaterra contra Francia;
(hubiese sin duda afirmado su fidelidad al rey Carlos VI de Francia de
no haber este cometido el error de proclamar la anexión del ducado).
Fue expulsado de sus Estados en 1373; hizo la paz con Carlos VI en 1381;
acompañó al rey a Flandes en 1383; hizo prender por traición al
condestable Clisson, haciéndole pagar un crecido rescate por su
libertad; sostuvo luego con él una guerra de nueve años, y recobró
Brest de los ingleses. Se cree que murió envenenado. Juan
VI, Duque de Bretaña (1389-1442) (gobierna 1399.1442) &
Duque de Bretaña, llamado el Bueno y el Prudente, hijo de
Juan V, duque de Bretaña. Nació en 1389 y murió
en 1442. Sucedió a su padre en 1399 bajo la tutela de su madre
Juana. Habiendo estado casada con Enrique IV de Inglaterra, ocupó la
tutela del duque de Borgoña. Declarado Juan mayor de edad en 1404, tuvo
varias contiendas con el duque de Borgoña; peleó luego a favor del rey
de Francia contra los ingleses; fue preso a traición por los Penthievre,
y no recobró su libertad sino mediante un crecidísimo rescate. Hizo
después tratados con el rey de Francia y con el de Inglaterra, y por
este medio mantuvo la paz en sus Estados, lo que mantuvo su ducado fuera
de la sangrienta confrontación entre Francia e Inglaterra. Periodo
feliz de desarrollo. Francisco
I, duque de Bretaña (1440-¿) (gobierna 1443-1450) Duque
de Bretaña, hijo de Juan VI y de Juana de Francia, nacido en Vannes en
1414. Sucedió a su padre en 1442, se coligó en 1449 con Carlos VII
contra los ingleses, y mandó matar en 1450 a su hermano Gil de Bretaña,
a quien tenía preso hacía cuatro años. Murió en aquel mismo año,
después de haber sido emplazado ante el Tribunal del Señor por un
religioso franciscano. Tuvo por sucesor a su hermano Pedro II. Pedro
II, Duque de Bretaña (¿-1457) (gobierna 1450-1456) Duque
de Bretaña, segundo hijo de Juan VI; sucedió a su hermano Francisco I
en 1450 y murió en 1457. Como no tenía hijos, instituyó heredero a
Arturo, conde de Richemont. Francisco
II Duque de Bretaña (gobierna 1458-1488) La
guerra loca. St-Aubin-du-Cormier: En 1484, el duque de Bretaña, sin
herederos varones, entabla con la regente de Francia, Ana de Beaujeu,
negociaciones para que se reconozcan los derechos de sucesión de sus
hijas, derechos que había hecho admitir previamente a los estados de
Bretaña. Esto no le impide aliarse con algunos señores de la Corte de
Francia, entre ellos el duque de Orleáns, futuro rey de Francia (luis
XII) contra la regente. Empieza entonces la “guerra loca” que durará
4 años. El 28 de julio de 1488, las tropas bretonas bajo el mando del
Duque de Orleáns son vencidas por el duque de La Tremoïlle en Saint-Aubin-du-Cormier,
no lejos de Fougères. En el famoso “páramo del reencuentro”, se
deja fuera de combate a 6000 bretones. Sus jefes, invitados por el duque
de La tremoïlle a su mesa, son asesinados a traición. Sólo se salvan
el duque de Orleáns y el príncipe de Orange. Por consiguiente,
Francisco II tuvo que comprometerse por tratado a no casar a sus hijas más
que con el consentimiento del rey de Francia. Cuatro plazas fuertes (St-Aubin
, Fougères, St-Maló y Dinan) sirven de prenda y son ocupadas por las
tropas de Trémoïlle. Así se encontró izada sobre el escenario de la
historia, la pequeña duquesa Ana a sus doce años. A su alrededor van a
enfrentarse los defensores de la independencia y los partidarios del rey
de Francia, dirigidos por un Rohan. Inglaterra, Austria, el reino de
Aragón envían refuerzos a Bretaña, mientras la Trémoïlle y sus
aliados defienden siempre sobre el terreno los intereses de Francia. Una
vez más Bretaña queda en manos de soldadotes y bandidos. La Trémoïlle
controla pronto toda Bretaña a excepción de Renne y de la “niña”
que estaba dentro. Ana
de Bretaña Duquesa de Bretaña (1477-)(Gobierna 1488-1514) Se casa con 13 años (1490) por poderes con el Emperador Maximiliano de Austria, pero los que le rodean se dedican a demostrarle que ese matrimonio es nulo, desde ese momento sólo se le abre a la pequeña duquesa la vía política lo que la conducirá al trono de Francia. En 1491, acepta, para salvar a su ducado, casarse con Carlos VIII Rey de Francia, muerto sin hijos. El contrato matrimonial prevé que si el rey muere sin hijos, Ana tendrá que casarse con el heredero del trono. El 8 de abril de 1498 muere Carlos, en un accidente. A pesar de la obstinación con la que defiende su título de duquesa de Bretaña, no le desagrada sin duda continuar siendo la reina de Francia, situación que le permite saldar algunas cuentas con sus adversarios, especialmente con los que estaban al servicio del rey de Francia. El 8
de enero de 1499 se casa con Luis XII, rey de Francia, (el antiguo
rebelde y duque de Orleáns que mandaba los ejércitos bretones en St-Aubin-du-Cormier)
y del que tiene dos hijas, Claudia y Renata. También esta vez, un
contrato precisa que Bretaña conservará sus tradicionales privilegios.
Se indica particularmente que el título de duque de Bretaña no podrá
volver al heredero de la corona de Francia. 4 de Agosto de 1532: Acta
de Unión: Y sin
embargo Ana la Bretona, a la que Brantôme presentaba como «inteligente,
honrada, bienhablada, muy amable y de delicada gracia» esta
cabeza política de voluntad indomable, se olvidó de registrar
oficialmente lo que más le llegaba al corazón : la prohibición de una
boda entre el heredero del trono de Francia y una futura duquesa de
Bretaña. Es precisamente éste el punto de unión que el destino (o la
historia) iba a elegir. Luis XII y Ana de Bretaña tuvieron un hijo,
pero no sobrevivió. Los
otros dos hijos fruto del matrimonio fueron hijas : Claudia y Renata.
Por lo tanto el ducado iba a volver una vez más a recaer en una
mujer. Por el lado francés el heredero legítimo del trono era el primo
del rey Luis XII, el duque Francisco de Angulema. Hasta el final de su
vida, la reina Ana va a esforzarse en impedir el matrimonio entre el
futuro rey y la futura duquesa. Por
el contrario, Luis XII trató por todos los medios que se celebrase esta
unión. Los
Estados Generales de Bretaña eran también favorables al matrimonio.
Pronto recibieron el apoyo de los diputados del parlamento de
Bretaña. Nada resquebrajó
la resistencia de la reina Ana; fue únicamente un año después de su
muerte, es decir en 1515, cuando se celebró el matrimonio. Al mismo
tiempo, y por segunda vez en la historia, una duquesa de Bretaña se
convertía en reina de Francia. Cuán frágil aparecía la última
barrera jurídica impidiendo la confusión entre la corona real y la
corona ducal... Dentro de esta perspectiva, inevitable según su opinión,
Francisco 1 intentó hacer adoptar a los Estados de Bretaña, la famosa
acta de unión, por la que la reina Claudia legaba a su marido,
el ducado de Bretaña, y esto a título perpetuo. Esto ocurría el 4 de
Agosto de 1532. Fecha histórica
donde la haya... LIGAS,
REVUELTAS, CONSPIRACIONES. Seguramente
los Bretones se veían
reconociendo cierto número de derechos, de libertades, de privilegios
importantes. Pero con el acta de unión, se había vuelto una gran
página de la historia ... A partir de entonces, la historia oficial de
Bretaña va a identificarse con la de Francia.
Por lo tanto a lo largo de los siglos se producirán cierto número
de sobresaltos, que serán interpretados como resurgimientos de
particularismo bretón. Así
existen ciertos episodios de las guerras de la Liga, a finales del siglo
XVI, cuando se sospechó que el duque de Mercouer alimentaba en
secreto el pensamiento de resurgir en su provecho el ducado de Bretaña. De la
misma manera, en época de las insurrecciones campesinas de 1695, los
famosos «gorros rojos» dirigidos por el notario Le Balp, reclamaron
las « libertades armoricanas ». Por las cartas de Madame de Sévigné,
se sabe la terrible represión que siguió. Bajo la
Regencia, la conspiración llamada de Pontcallec, pudo también hacer
creer en la supervivencia de cierto irredentismo bretón en una parte de
la aristocracia. Pero, sobre todo, existió la insurrección de los chuanes
bretones, tan distinta en sus manifestaciones, de los otros
afrontamientos que ocurrieron durante las guerras de Vandée. También
aquí, se creyó ver entre los motivos profundos de los chuanes bretones
el deseo más o menos consciente de restaurar en Bretaña los antiguos
privilegios. Se podría
continuar así... Pero, cuanto más tiempo pasa, este irredentismo,
verdadero o supuesto, cambia de imagen.
Y, si hoy, se cae en la tentación de pensar en « el problema
bretón » o en « el porvenir de Bretaña » es, generalmente, más
para clarificar, frente al centralismo juzgado excesivo, las
particularidades de una región y de un pueblo que no son completamente
igual que los otros. |