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Amar Bretaña

BRETAÑA... ESPIRITU CELTA
Islotes nacidos de maremotos, costas que desaparecen, increíbles acantilados... la Bretaña francesa esconde los secretos del último gran druida, Merlín, que acabó sus días junto a su amada en el bosque de Brocéliande, cuando la Nada comenzaba a devorar Fantasía
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Isabel Trillo Amores

Poco locuaces, a veces con un toque místico, si nos ganamos su confianza se vuelven líricos y te invitan a su mesa a comer y cantar. Y entonces comienza la fiesta. Cualquier motivo es bueno: festejar a los muertos, a los santos, al mar, a la luna llena, al dios Belenos. Así es el carácter bretón: amante de las fiestas nocturnas que se realizan al aire libre, y donde se comparte la ila cotriadei (un plato local de pescados, crustáceos y verduras) o el ikig ha farzi (cocido de carnes y verduras), todo ello regado con litros de ichoucheni (bebida alcohólica a base de miel).

Viajar a las costas de Bretaña es traspasar las fronteras de la fantasía y dejarse llevar por el último rincón de la tierra que dio cobijo a la civilización celta, la más alegre de Europa.

El viaje bien puede comenzar en Rennes, una moderna ciudad industrial, en el mismo centro de la región de Ille-et-Vilaine, un paraje cubierto de bosques y castillos, perfectamente armonizados con dólmenes y menhires, vestigios de otros tiempos.

Tomar una dirección desde la ciudad de Rennes es difícil. Mont Saint Michel, entre la frontera de Normandía y Bretaña, Patrimonio de la Humanidad nos hará ir hacia el norte, allí donde las mareas hacen desaparecer diques enteros y donde cuenta la leyenda que de un terrible maremoto surgió un extraño islote rocoso. La bahía, la ciudad medieval y la abadía benedictina forman una de las siete maravillas del mundo actual.

l Bosques mágicos. A unos 70 kilómetros al norte de Rennes llega el olor a mar de la costa, desde Cabo Fréhel hasta Cancale. Este es un lugar de ensueño para observar uno de los fenómenos más atrayentes de la zona: las mareas. El ritmo misterioso de la luna marca dos mareas al día y dos de noche, que desnudan una y otra vez la costa. Las mareas del litoral bretón dejan al descubierto dos veces al día grandes extensiones de arena y peñascos; hasta 118 metros se retira el mar en la costa norte de Cancale, llegando a alcanzar los 14 metros de altura.

Para los que prefieren los pastos verdes, pasear por el bosque de Huelgoat, al oeste de Bretaña, a unos 150 kilómetros de Rennes es una maravilla. Aquí se pueden ver gigantes de piedra, enormes grutas y caudalosos ríos que fueron testigos, en su día, de las hazañas del rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda y de las intrigas de Merlín. Aunque el mejor paseo lo ofrece, sin duda, el bosque de Brocéliande. Allí quedan los restos de la Fuente de Barenton, el primer encuentro entre Merlín y la bruja Viviana, o la tumba de Merlín, junto a la Fuente de la Juventud.

El siguiente paso en nuestro viaje es descubrir los acantilados de Bretaña: Fort la Latte, el Cabo Erquy o Cabo Fréhel, el más conocido y el que ha inspirado a tantos artistas. En Cabo Fréhel, desde hace algunos años, se ha prohibido acampar y para acercarse hay que dejar el coche en un aparcamiento cercano. El motivo es preservar este entorno natural de la contaminación de los automóviles.

Fort La Latte es una de las construcciones más espectaculares de la costa, con sus muros colgando sobre el mismo acantilado. Construido y reconstruido desde su primer asentamiento en el siglo IX, hoy es una propiedad privada abierta al público.

Ile de Bréhat.

Otras de las bellezas que ofrece Bretaña es la infinidad de islas que se unen y separan del continente por la continua acción de las mareas.Uno de estos entornos paradisiacos es Ile de Bréhat, una pequeña isla de no más de cuatro kilómetros cuadrados. La gran sorpresa llega cuando uno toma tierra firme y se entera de que están prohibidos los coches. El único medio de transporte es la bicicleta o los tractores, reconvertidos en transporte turístico cuando terminan las labores campestres los 300 habitantes de la isla.

Superado este primer bache, el paseo merece la pena y será la única forma de recorrer en un día toda la isla. En este lugar existe una auténtica vivienda celta, que sirvió de inspiración para la casa de la Bella y la Bestia de Walt Disney. Desde la capilla de Saint Michel, a 33 metros sobre el nivel de mar, el punto más alto de la isla, la panorámica es excepcional.

El viaje está a punto de concluir. De vuelta, qué mejor que pasar la última noche en una casa encantada de la ciudad medieval de Guingamp. La Demeure de Ville-Blanche es una hermosa residencia que perteneció a una joven que perdió a su marido en una de las muchas guerras que siempre han castigado a Europa.

Desde entonces, dicen que la bella dama se pasea por las habitaciones cuidando de que nada falte a sus invitados. Sólo tiene unas pocas habitaciones, eso sí,cuidadas al detalle y con la misma decoración de hace cientos de años, como si el tiempo se hubiera detenido. En cada habitación encontrará un mensaje de sus actuales propietarios: ¡Si tiene algún problema, no estamos aquí, pero puede llamarnos a este teléfono...! No se asuste, forma parte del espíritu burlón de los bretones... ¿o no?

 


Guía práctica

COMO LLEGAR. Con Regional Airlines (91 401 21 36) hay un vuelo de lunes a viernes Madrid-Burdeos-Rennes. Con Air France (901 112 266) salen tres vuelos diarios desde Madrid hasta Rennes, haciendo escala en Lyon o en París. Más información en la Oficina de Turismo de Francia (91 548 97 40).

DORMIR. Rennes. Novotel Rennes. Av. Du Canada. (02 99 86 14 14). Funcional, en las afueras de Rennes. Saint Malo. Hotel Restaurante Manoir de la Grassinais. Calle de la Grassinais, 12. Un antiguo molino reconvertido y ampliado con 29 habitaciones. Guingamp. Demeure de Ville-Blanche. Calle del General de Gaulle, 5. (02 99 44 28 53). Mantiene el sabor de una casa antigua con todas las comodidades. Cuatro habitaciones.

COMER. Rennes. Restaurante Les Canotiers. Av. de Janvier, 35. (02 99 31 69 11). En pleno centro de Rennes.Tiene aparcamiento. Saint Malo. A la Duchesse Anne. Porte St. Vicent. Especialidad en pescados y bogavante. L'écrivain. Frente a la iglesia de Combourg. Especialidades bretonas.

 

La vida de Genève D'Houdancourt et Caerleon  (leyenda)

La leyenda de Liadain y Curithir (leyenda Irlandesa)

Accede directamente a un diccionario Bretón

BRETAÑA: Hagamos un poco de historia

Antiguamente, la región formaba parte de Armórica (al noroeste de Francia), el centro de una confederación de tribus celtas cimbrias. Los romanos, bajo las órdenes de Julio César, invadieron la zona en el año 56 a.C. y a partir de entonces se convirtió en la provincia romana de Galia Lugdunensis. En los siglos V y VI d.C., tras la retirada de los romanos, muchos britanos (celtas nativos de Britania), al huir de su tierra natal a causa de las invasiones de anglos y sajones, se refugiaron en la parte noroeste de Armórica. Ellos dieron a la región su nombre actual: Bretaña. Los britanos (más tarde llamados bretones) convirtieron gradualmente al cristianismo a los celtas armóricos, que por entonces eran en su mayoría paganos.

En los siglos VII y VIII surgieron varios pequeños principados en Bretaña. A principios del siglo IX, estos principados cayeron bajo el dominio de Carlomagno, pero en 846, Nomenöe, que había unido la zona contra los invasores, lideró a los bretones contra el nieto de Carlomagno, el emperador Carlos II, y consiguió la independencia. Durante la segunda mitad del siglo IX, los bretones reconocieron el gobierno de los duques normandos. En el 922, Geoffrey, conde de Rennes, se proclamó duque de Bretaña. En 1171 el ducado pasó, a través de una alianza matrimonial, a Geoffrey Plantagenet, hijo de Enrique II de Inglaterra. A principios del siglo XIII volvió a manos del linaje de duques franceses de Rennes. En 1491, cuando Ana de Bretaña, que había heredado el ducado, se casó con Carlos VIII de Francia, Bretaña se unió temporalmente a Francia. La unión fue ratificada mediante un tratado en 1532, durante el reinado del rey francés Francisco I, que se había casado con Claude, la hija de Ana de Bretaña.

Armórica o Bretona, la península Occidental siempre ha sido tierra de poetas. Entre los siglos X y XI, la reputación de los trovadores y los narradores bretones se extendía por toda Europa.

Clima: Suave y saludable. Clima oceánico. Inviernos suaves, veranos generalmente templados y secos, lo que permite el desarrollo de plantas exóticas; camelias, mimosas, hortensias, rosas. El alma de Bretaña sin embargo es el viento, el que desnuda los cabos y acantilados. El yodo contra la angustia está en todas partes, aire, mar, alimentos. Pueblo costero y marino. Maestros de los mares occidentales.

Bretaña es hoy la región del mundo que ofrece a los apasionados de la prehistoria, las concentraciones más importantes de megalitos. Menhires, dólmenes, túmulos, caminos cubiertos, peulvens, cromlechs...

El alma bretona al igual que la misma Bretaña, escapa de un inventario demasiado sistemático.  No se termina nunca de enumerar los componentes y las manifestaciones.  Si sueñas con unidad, no es aquí donde hay que venir.  En esta región, todo es múltiple, contradictorio, difícil de identificar. Y sin embargo, de su carácter, los paisajes y los hombres tienen entre ellos afinidades secretas, que milenarios de amor compartido han inscrito en el suelo, en el cielo y en los corazones.  La tempestad y la tormenta no levantan únicamente el océano; hinchan las almas y mojan los caracteres.  La misma bruma no se limita a cubrir con su manto de algodón los cabos y las islas del extremo del mundo; algunas veces incluso insinúa en lo más profundo del ser, una dulzura crepuscular, propia de una meditación. Pero lo mismo que un rayo de sol restituye a las costas sus contornos cincelados, el corazón del Bretón se aclara nuevamente y entonces sabe, mejor que nadie, hacer realidad los proyectos más audaces. Formado en la dificultad, atenazado por la nece­sidad de combatir, el hombre de Armórica, no duda en lanzarse a la defensa de las causas perdidas, únicamente por la belleza del gesto. Pero si por casualidad, la victoria recompensa su esfuerzo, entonces su triunfo, la mayoría de las veces, sabe permanecer modesto. ¿ Taciturno?  No. No es la palabra conveniente para calificar el carácter bretón. Este puede seguramente permanecer largas horas sin sentir la necesidad de confiarse. Pero este silencio no es nunca defi­nitivo. Cuando su atención se fija en una idea firme, hele aquí hablador, entusiasta, apasionado.  A veces, incluso insensible a toda argumentacin contraria. Valiente, lo es: más a menudo todavía, temerario. sólo una cosa le asusta : ¿ la muerte? ¡ Ciertamente no! Es la compañera de cada uno de sus instantes. No. Sencillamente el miedo al ridículo. Este temor a que se rían de él, explica a menudo su reserva. A dos pasos del éxito, una sonrisa irónica, puede hacerle perder parte de sus facultades. Por esto sin duda, este orgullo, esta reserva, este pudor que frecuente­mente sólo le sirven para ocultar su timidez.

LA CASA DE BRETAÑA

- 1133: Tratado de Gisors, Luis VI el Gordo, rey de Francia, reconoce la soberanía feudal de los duques de Normandía, convertidos en reyes de Inglaterra, sobre los condes de Bretaña.

- 1148-1203: soberanía de los Plantagenet de Inglaterra sobre Bretaña

- 1203: muerte del conde Geoffroy de Bretaña. Su hijo Arturo es asesinado por su tío Juan sin Tierra. El feudo bretón le toca en suerte a mediohermana de Arturo, la princesa Alix, que casó pronto con Pedro de Dreux, bisnieto de Luis el Gordo. Bretaña, bajo la soberacía de los Capetos y los príncipes bretones, rinde pleitesía directamente al rey de Francia. Se trata de una sumisión simple y no de la sumisión feudal.

Pedro I, Conde de Bretaña y Alix de Thouars (s. XIII) (gobierna 1212-1237)

Esposo de Alix (hermana de Arturo), duque de Bretaña, asesinado por su tío, Juan sin Tierra) duque a la muerte de Alix en 1237.

& Duque de Bretaña llamado Mauclerc, hijo de Roberto, conde de Dreux; adquirió el ducado de Bretaña por su matrimonio con Alicia (Alix) , hija de Guid de Thouars, en 1212. Reducido, a la muerte de su mujer en 1221, al simple título de duque. Asegura realmente el poder y se vuelve rápidamente contra los reyes de Francia, primero contra Felipe Augusto y llegó a ser en 1226, en unión de Tibaldo, conde de Champaña, uno de los jefes de la liga de los grandes vasallos contra Blanca de Castilla. Más tarde contra el propio rey San Luis, de nuevo rinde pleitesía al rey de Inglaterra. En 1240, durante la minoría de Luis IX, pasó a Palestina; acompañó a este príncipe en la primera expedición a Egipto en 1248, y murió al volver durante la travesía. De nuevo se rinde pleitesía al rey de Inglaterra.

Juan I, Conde de Bretaña (1217-1286) (gobierna 1237-1286)

& Duque de Bretaña, llamado el Rojo,  que nació en 1217 y murió  en 1286. Era hijo de Pedro Mauclerc, a quien sucedió en 1237; casó a su hijo con la hija del rey de Inglaterra, obteniendo así la restitución del condado de Hichemont, quitado por aquel rey a su padre; acompañó a San Luis a la cruzada y le vio morir en África; tuvo algunos altercados con los obispos de su país, y aumentó sus dominios con el condado de León. Desde 1250, los condes de Bretaña se consideran vasallos del rey de Francia.

 Juan II, Duque de Bretaña (gobierna 1286-1305)

Durante unos años, este duque de bretaña, sucesor de Juan I, se vuelve de nuevo hacia Inglaterra, pero se reconcilia con el rey de Francia Felipe el Hermoso que, como recompensa, hace de Bretaña un ducado. 

Arturo II duque de Bretaña ( gobierna 1305-1312)

Se casa sucesivamente en 1275 con  María, Vizcondesa de Lomoges y en 1291 con Yolanda de Dreux

 Juan III, Duque de Bretaña (1286-1341) (gobierna 1312-1341)

Duque de Bretaña, llamado el Bueno, hijo de Arturo II y de María, Vizcondesa de Limoges. Nació en 1286 y murió  en 1341. Sucedió a su padre en 1312; acompañó al rey Felipe IV de Valois en su expedición a Flandes, a la cabeza de 8.000 hombres, y murió al volver de ella, sin dejar sucesión legítima.

 1341-1364 Carlos de Bois, Duque de Bretaña (1345-1364)

Dos sucesores revindican el ducado, Juana de Penthièvres, esposa de Carlos de Blois (sobrino del rey de Francia) y al que Juan III designa como su sucesor y su hermanastro (hijo de Arturo II y Yolanda de Dreux) , Juan de Montfort, aliado al rey de Inglaterra.  Es el desencadenamiento de la guerra de sucesión de Bretaña que, de hecho, se incluye en la guerra de los Cien Años. 24 años de combates, asesinatos, pillajes, miserias... Resalta una figura, Du Guesclin, (condestable) que está con Francia y por lo tanto se ve forzado a combatir contra sus propios compatriotas, comprometidos la mayoría con los Montfort.  Los penthièvres son vencidos por 1ª vez en la Roche-Derrien en 1347 (un año después de la batalla de Crécy); por 2ª vez en Auray, donde Carlos de Blois, encuentra la muerte (1364). Los Montfort cogen las riendas de los asuntos bretones.

 Juan IV de Monfort, Duque de Bretaña (¿-1345) (en disputa del 41 al 45)

Duque de Bretaña, hijo de Arturo II y hermanastro de Juan III. Murió en 1345. Disputó la herencia a Carlos de Blois, designado por aquél como sucesor. Sitiado en Nantes, tuvo que rendirse. Pero su mujer, Juana de Flandes, pidió auxilios a Inglaterra, cuyo rey fue en persona a Bretaña, y poco después acudió el rey de Francia con lo que lucha adquirió grandes proporciones. El Papa intervino y consiguió que se dejase resolver la cuestión a los dos pretendientes. Fugado Juan de Monfort de su prisión, llegó a sus estados y murió al poco tiempo. Dejó un hijo que recobró el ducado de Bretaña. Jane, condesa de Montford, durante las guerras de Inglaterra, a mediados del siglo XIV, varias mujeres defendieron a sus países en los campos de batalla. Una de las más conocidas fue Jane quien condujo personalmente a sus tropas y derrotó a Carlos de Blois en Hennebonne. Más tarde participó en una batalla naval junto a las costas de la isla de Guernsey.  

Juan V, Duque de Bretaña (1338-1399) (gobierna 1364-1399)

&Duque de Bretaña, llamado el Valeroso, hijo de Juan IV de Monfort. Nació en 1338 y murió  en 1399. Entró en pacífica posesión del ducado de Bretaña a la muerte de Carlos de Blois en 1364; se alió con Inglaterra contra Francia; (hubiese sin duda afirmado su fidelidad al rey Carlos VI de Francia de no haber este cometido el error de proclamar la anexión del ducado). Fue expulsado de sus Estados en 1373; hizo la paz con Carlos VI en 1381; acompañó al rey a Flandes en 1383; hizo prender por traición al condestable Clisson, haciéndole pagar un crecido rescate por su libertad; sostuvo luego con él una guerra de nueve años, y recobró Brest de los ingleses. Se cree que murió envenenado.

 Juan VI, Duque de Bretaña (1389-1442) (gobierna 1399.1442)

& Duque de Bretaña, llamado el Bueno y el Prudente, hijo de Juan V, duque de Bretaña. Nació en 1389 y murió  en 1442. Sucedió a su padre en 1399 bajo la tutela de su madre Juana. Habiendo estado casada con Enrique IV de Inglaterra, ocupó la tutela del duque de Borgoña. Declarado Juan mayor de edad en 1404, tuvo varias contiendas con el duque de Borgoña; peleó luego a favor del rey de Francia contra los ingleses; fue preso a traición por los Penthievre, y no recobró su libertad sino mediante un crecidísimo rescate. Hizo después tratados con el rey de Francia y con el de Inglaterra, y por este medio mantuvo la paz en sus Estados, lo que mantuvo su ducado fuera de la sangrienta confrontación entre Francia e Inglaterra. Periodo feliz de desarrollo.

 Francisco I, duque de Bretaña (1440-¿) (gobierna 1443-1450)

Duque de Bretaña, hijo de Juan VI y de Juana de Francia, nacido en Vannes en 1414. Sucedió a su padre en 1442, se coligó en 1449 con Carlos VII contra los ingleses, y mandó matar en 1450 a su hermano Gil de Bretaña, a quien tenía preso hacía cuatro años. Murió en aquel mismo año, después de haber sido emplazado ante el Tribunal del Señor por un religioso franciscano. Tuvo por sucesor a su hermano Pedro II.

 Pedro II, Duque de Bretaña (¿-1457) (gobierna 1450-1456)

Duque de Bretaña, segundo hijo de Juan VI; sucedió a su hermano Francisco I en 1450 y murió en 1457. Como no tenía hijos, instituyó heredero a Arturo, conde de Richemont.

 Francisco II Duque de Bretaña (gobierna 1458-1488)

La guerra loca. St-Aubin-du-Cormier: En 1484, el duque de Bretaña, sin herederos varones, entabla con la regente de Francia, Ana de Beaujeu, negociaciones para que se reconozcan los derechos de sucesión de sus hijas, derechos que había hecho admitir previamente a los estados de Bretaña. Esto no le impide aliarse con algunos señores de la Corte de Francia, entre ellos el duque de Orleáns, futuro rey de Francia (luis XII) contra la regente. Empieza entonces la “guerra loca” que durará 4 años. El 28 de julio de 1488, las tropas bretonas bajo el mando del Duque de Orleáns son vencidas por el duque de La Tremoïlle en Saint-Aubin-du-Cormier, no lejos de Fougères. En el famoso “páramo del reencuentro”, se deja fuera de combate a 6000 bretones. Sus jefes, invitados por el duque de La tremoïlle a su mesa, son asesinados a traición. Sólo se salvan el duque de Orleáns y el príncipe de Orange. Por consiguiente, Francisco II tuvo que comprometerse por tratado a no casar a sus hijas más que con el consentimiento del rey de Francia. Cuatro plazas fuertes (St-Aubin , Fougères, St-Maló y Dinan) sirven de prenda y son ocupadas por las tropas de Trémoïlle. Así se encontró izada sobre el escenario de la historia, la pequeña duquesa Ana a sus doce años. A su alrededor van a enfrentarse los defensores de la independencia y los partidarios del rey de Francia, dirigidos por un Rohan. Inglaterra, Austria, el reino de Aragón envían refuerzos a Bretaña, mientras la Trémoïlle y sus aliados defienden siempre sobre el terreno los intereses de Francia. Una vez más Bretaña queda en manos de soldadotes y bandidos. La Trémoïlle controla pronto toda Bretaña a excepción de Renne y de la “niña” que estaba dentro.

 Ana de Bretaña Duquesa de Bretaña (1477-)(Gobierna 1488-1514)

Se casa con 13 años (1490) por poderes con el Emperador Maximiliano de Austria, pero los que le rodean se dedican a demostrarle que ese matrimonio es nulo, desde ese momento sólo se le abre a la pequeña duquesa la vía política lo que la conducirá al trono de Francia. En 1491, acepta, para salvar a su ducado, casarse con Carlos VIII Rey de Francia, muerto sin hijos. El contrato matrimonial prevé que si el rey muere sin hijos, Ana tendrá que casarse con el heredero del trono. El 8 de abril de 1498 muere Carlos, en un accidente. A pesar de la obstinación con la que defiende su título de duquesa de Bretaña, no le desagrada sin duda continuar siendo la reina de Francia, situación que le permite saldar algunas cuentas con sus adversarios, especialmente con los que estaban al servicio del rey de Francia.

El 8 de enero de 1499 se casa con Luis XII, rey de Francia, (el antiguo rebelde y duque de Orleáns que mandaba los ejércitos bretones en St-Aubin-du-Cormier) y del que tiene dos hijas, Claudia y Renata. También esta vez, un contrato precisa que Bretaña conservará sus tradicionales privilegios. Se indica particularmente que el título de duque de Bretaña no podrá volver al heredero de la corona de Francia.

4 de Agosto de 1532: Acta de Unión:

Y sin embargo Ana la Bretona, a la que Brantôme presentaba como «inteligente, honrada, bienha­blada, muy amable y de delicada gracia» esta cabeza política de voluntad indomable, se olvidó de registrar oficialmente lo que más le llegaba al corazón : la prohibición de una boda entre el heredero del trono de Francia y una futura duquesa de Bretaña. Es precisamente éste el punto de unión que el destino (o la historia) iba a elegir. Luis XII y Ana de Bretaña tuvieron un hijo, pero no sobre­vivió.  Los otros dos hijos fruto del matrimonio fueron hijas : Claudia y Renata.  Por lo tanto el ducado iba a volver una vez más a recaer en una mujer. Por el lado francés el heredero legítimo del trono era el primo del rey Luis XII, el duque Francisco de Angulema. Hasta el final de su vida, la reina Ana va a esforzarse en impedir el matrimonio entre el futuro rey y la futura duquesa.  Por el contrario, Luis XII trató por todos los medios que se celebrase esta unión.

Los Estados Generales de Bretaña eran también favorables al matrimonio.  Pronto recibieron el apoyo de los diputados del parlamento de Bretaña.  Nada resquebrajó la resistencia de la reina Ana; fue únicamente un año después de su muerte, es decir en 1515, cuando se celebró el matrimonio. Al mismo tiempo, y por segunda vez en la historia, una duquesa de Bretaña se convertía en reina de Francia. Cuán frágil aparecía la última barrera jurídica impidiendo la confusión entre la corona real y la corona ducal... Dentro de esta perspectiva, inevitable según su opinión, Francisco 1 intentó hacer adoptar a los Estados de Bretaña, la famosa acta de unión, por la que la reina Claudia legaba a su marido, el ducado de Bretaña, y esto a título perpetuo. Esto ocurría el 4 de Agosto de 1532.  Fecha histórica donde la haya...

LIGAS, REVUELTAS, CONSPIRACIONES.

Seguramente los Bretones se  veían reconociendo cierto número de derechos, de libertades, de privilegios importantes.  Pero con el acta de unión, se había vuelto una gran página de la historia ... A partir de entonces, la historia oficial de Bretaña va a identificarse con la de Francia.  Por lo tanto a lo largo de los siglos se producirán cierto número de sobresaltos, que serán interpretados como resurgi­mientos de particularismo bretón.  Así existen ciertos episodios de las guerras de la Liga, a finales del siglo XVI, cuando se sospechó que el duque de Mercouer  alimentaba en secreto el pensamiento de resurgir en su provecho el ducado de Bretaña.

De la misma manera, en época de las insurrecciones campesinas de 1695, los famosos «gorros rojos» dirigidos por el notario Le Balp, reclamaron las « libertades armoricanas ». Por las cartas de Madame de Sévigné, se sabe la terrible repre­sión que siguió.

Bajo la Regencia, la conspiración llamada de Pontcallec, pudo también hacer creer en la supervivencia de cierto irredentismo bretón en una parte de la aristocracia.  Pero, sobre todo, existió la insurrección de los chuanes bretones, tan distinta en sus manifestaciones, de los otros afrontamientos que ocurrieron durante las guerras de Vandée. También aquí, se creyó ver entre los motivos profundos de los chuanes bretones el deseo más o menos consciente de restaurar en Bretaña los antiguos privilegios.

Se podría continuar así... Pero, cuanto más tiempo pasa, este irredentismo, verdadero o supuesto, cambia de imagen.  Y, si hoy, se cae en la tentación de pensar en « el problema bretón » o en « el porvenir de Bretaña » es, generalmente, más para clarificar, frente al centralismo juzgado excesivo, las particularidades de una región y de un pueblo que no son completamente igual que los otros.

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