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Mi querida
Geneve:
Me habéis pedido que os relate mi historia y en pro de nuestra amistad
que
pese a su juventud considero ya profunda, intentare hacerlo lo mejor que
pueda. Ciertas partes podrian quiza provocar rechazo o desconfianza, pero
cuento con vuestro sabio corazon para que eso no os suceda a vos, y para
que
sepáis ver mas allá de las palabras. Cuando la niebla se disipe lo que veáis
será lo que en verdad soy. Esta es la senda que me trajo a Cameliard.
"Me llamo Dorcas de Donnelaith, soy hija de Duncan, conde de
Donnelaith y de
la infortunada Ethelred, vi la luz la noche de Navidad hace cien años, y
no
soy humana. Mi raza poblaba la Tierra mucho antes de que la vuestra
naciera.
En apariencia somos como vosotros, quiza un poco mas altos, con una piel
muy
suave, casi infantil y una voz cristalina capaz de entonar canciones y
recitar versos hasta el agotamiento. Nacemos totalmente formados, sabiendo
todo lo que sabia nuestra madre y gran parte de lo que sabia nuestro padre
y
tardando solo unas horas en alcanzar la madurez fisica. Somos
tremendamente
longevos aunque, por supuesto y como se vera, podemos morir. Somos la
inocente y orgullosa raza de los Taltos, aunque deberia decir fuimos. Solo
un Taltos o bien un brujo o bruja pueden reconocer a otro Taltos, en
virtud
del olor dulce que desprendemos y que solo ellos son capaces de percibir.
Eso explica que vos no os hayais dado cuenta milady.
Solo la union de dos Taltos o la union de Taltos y brujo es fertil. Mi
sangre no es pura puesto que aunque mi madre era una Taltos mi padre era
humano, un brujo, y entendedme señora, por brujo me refiero a una persona
con poderes psquicos capaz de leer los pensamientos o de ver cosas que
otros
no ven, no hablo de conjuros ni hechizos.
La tribu de mi madre se establecio en el valle de Donnelaith cuando
Stonehenge aun era joven, el valle estaba totalmente encerrado entre
escarpadas montañas y solo un abrupto paso escondido conducia a el. Junto
al
valle un lago. Un remanso de paz en tiempos duros. El jefe del clan era
Ashlar, uno de los antiguos, que existia ya antes de que el pueblo de los
Taltos pisara Escocia por primera vez.
Con los siglos, humanos y Taltos fueron mezclandose en el valle y el
pueblo
de mi madre pronto aprendio que la clave de su supervivencia estaba en
hacerse pasar por humanos. Donnelaith se convirtio al cristianismo cuando
el
buen Columba habitaba en Iona, la isla sagrada, el propio Ashlar trajo la
fe, y con ella la destruccion.
Inocente como todos somos al principio, predico con fervor y pasion la
penitencia, el arrepentimiento, la castidad, principio este que atentaba
contra las creencias de mi pueblo para quien la reproduccion es sagrada y
crucial para la supervivencia. Los humanos pronto se convirtieron y
algunos
Taltos con ellos, pero un destino funesto se reservo para aquellos que no
lo
hicieron. Matar, extinguir una vida, es para un Taltos un sacrilegio; como
bien sabeis, esto no es asi para vosotros. De repente las diferencias se
hicieron visibles y dos comunidades que habian vivido en paz durante
siglos,
se enzarzaron en una sangrienta masacre.
Solo sobrevivieron cinco de los Taltos creyentes y Janet, la lider de los
que no habian querido convertirse, esposa de Ashlar.
Por mas que Ashlar rogo, no logro impedir que los humanos quemaran viva a
su
mujer tachandola de bruja, ironias de los hados.
Ashlar no pudo soportar la culpa y dejo el valle en manos del clan de mi
padre. El poema que os recite es el poema que le recitaron a Ashlar cuando
se despedia de su amada tierra.
Pasaron los años y algunos Taltos llegaron al valle, entre ellos, la
bella
Ethelred de cabellos de azabache y mirada profunda, mi querida madre. En
cuanto la vio mi padre, el brujo de cabello rojo como el fuego, jefe de su
clan, se enamoro de ella. Se casaron y yo naci fruto de un qmor que nunca
he
podido conocer. Y con mi nacimiento empezo mi maldicion.
Para entonces Donnelaith se habia convertido en una extraña mezcla de
fervor
religioso en su catedral franciscana y de salvaje supersticion en sus
bosques. Ritos paganos y cristianos se celebraban por igual. Cuando yo
naci
la noche de Navidad mi padre me escondio para salvarme del sacrifio de
fuego
que el valle esperaba para propiciar la venida de su Mesias.
Asi, la espada pronto se convirtio en una extension de mi propio brazo,
Duncan me enseño a luchar por mi vida y mi honor que constantemente debia
proteger.
Desde el principio herede la sabiduria de mi madre y los terribles poderes
psiquicos de mi padre, y pronto comprendi que veia las cosas que pasaban
antes de que sucedieran. Lo guarde como un terrible secreto consciente de
lo
que podria provocar.
Sin embargo, cuando vi el peligro que nos aguardaba no pude callar, supe
que
el lago se desbordaria y arrasaria Donnelaith. Y señora, espero que lo
entendais, me vi en la obligacion moral de advertir a mis gentes, al fin y
al cabo yo era la heredera, la futura condesa.
Casi nadie me creyo, y pocos sobrevivieron.
Mis padres y yo y los que pudieron salvarse huyendo a las montañas. No
espere su agradecimiento, pero tampoco su ira. Mas su ira llego.
Acusaron a mis padres de haber engendrado un monstruo y aunque a mi no se
atrevieron a lastimarme, los quemaron a ambos frente a mis propios ojos,
obligandome a presenciar la barbarie.
Despues de eso me mantuvieron prisionera en mi propio castillo hasta el
dia
de mi compromiso. Me prometieron en matrimonio a Jothlin de Flambard, el
brujo. La intencion era clara, ellos sabian lo que era yo y sabian que
podia
dar a luz hijos fuertes y sabios que estarian listos para la lucha o el
sacrificio en cuestion de dias, y solo por eso respetaban mi vida, por eso
y
porque al fin y al cabo, si no me casaba, la condesa de Donnelaith era yo.
Si le hubiera amado, todo habria sido mas facil, tal vez me habria
prestado
a su juego, tal vez no, no se deciros milady, esa es la verdad. Y tambien
es
verdad que por el bien de mi patrimonio o lo que quedaba de el, intente
amarle desde el dia de nuestro compromiso, pero fui incapaz. Tal vez el
mal
este en mi, en que no soy capaz de amar, o tal vez eran sus frios ojos
azules que me miraban valorativos, como si fuera un botin de guerra. O
quiza
que yo sabia que el no queria hijos del amor, sino fieles guerreros que
pudiera enviar impunemente a la muerte.
Sea como fuere, cogi mi espada, mis escasos objetos de valor y abandone mi
valle, porque era mio, a su suerte.
Camine durante dias hacia el sur, siempre perseguida huyendo de lugares
donde pudieran reconocerme y al fin llegue a Cameliard. Y me encontre un
mundo de magia donde todos son bien acogidos, y pense, aquí no me temeran,
ni me cuestionaran, ni me perseguiran por lo que soy', y os encontre a
vos,
milady, y luche con vos por vos y por los vuestros, y vi una vez mas lo
mejor y lo peor de lo que son capaces vuestros hermanos de raza, que en
parte tambien es la mia. Y me senti triste y derrotada, pero tambien
orgullosa y esperanzada. Y recupere el honor que crei haber perdido pero
que
en el fondo nunca me abandono."
Esta ha sido mi historia, y espero que vuestros ojos sigan mirandome con
el
afecto y el calor con que siempre me miran despues de saber quien o que
soy.
Porque al fin y al cabo, el que os creo a vos tambien me creo a mi, y mi
alma es tan imperecedera como confio sea la vuestra.
Con todo el afecto de mi corazon y la fuerza de mi voluntad:
Dorcas, condesa de Donnelaith, ultima de su clan.
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