Diario de un montañés

 La historia de un hombre en busca de su redención

Esta historia es una narración en forma de diario sobre un escocés con buena voluntad que se ha visto implicado en la traición de dos mujeres a las que ama. A los lectores que no suelan entrar en los canales de charla del IRC les sorprenderá la extraña combinación entre elementos fantásticos y elementos históricos. Debo explicar pues, a que se debe esto. En el IRC, existe un canal de interpretación épica medieval llamado #Cameliard. En ese canal, cada persona tiene un nickname que representa un personaje. Debido a la gran cantidad de gustos y preferencias de las personas que lo forman, se mezcla la interpretación de personajes históricos, o al menos fieles a como podría haber sido alguien en la Edad Media, y de personajes nacidos de la imaginación de conocidos autores como Margaret Weiss y Tracy Hickman (Dragonlance Chronicles), Stephen R. Lawhead (Pendragon Cicle), Morgan Lywellyn (El Druida, Águilas y Cuervos, etc) Michael Moorcock (Stormbringer) y muchos otros. Este diario lo escribí cuando en ese canal de interpretación, una confusión hizo a mi personaje, KharN, pensar que su esposa Nekkara le había abandonado, y vivió una bonita historia de amor con una compañera de armas, ^Geneve^. Dos meses después me enteré de que el personaje Nekkara no había abandonado al escocés Kharn, sino que había partido en busca de su hijo para ayudarle a recuperar la memoria (Otra confusión. Los participantes del canal creyeron que Kharn padecía amnesia y se lo dijeron, y a mi nadie me informó del motivo de la partida de Nekkara). Sea como sea, Kharn se vio obligado a dejar a ^Geneve^ tras haberle prometido mucho, pues el amor aun vivo por su esposa y los lazos conyugales le obligaban a volver con la brava Nekkara. Para entender el motivo de la marcha de Kharn, es necesario explicar que mi personaje es de por si noble y sincero, un orgulloso montañés de los Highlands de Escocia. Sintiéndose un traidor con las dos mujeres que amaba, decidió partir a la guerra, a modo de redención y sometiéndose al juicio de Dios. Si moría, es que lo merecería. Si sobrevivía, es que Kharn hizo lo correcto volviendo con su mujer. El resultado final... bueno, no lo voy a desvelar en el prólogo.

Sea como sea, debo pedir a los que leáis este diario que asumáis con paciencia los detalles fuera del marco histórico. En las notas a pie de página explico detalles históricos, en ningún momento hago referencias a esos mundos de fantasía surgidos de las novelas antes citadas o a los juegos de rol que llevan el mismo nombre, salvo en casos de extrema necesidad. El motivo de ello es que no quiero duplicar el tamaño del escrito, y que no tengo derecho para explicar y describir otros mundos y personajes que otro autor más preparado que yo inventó. También querría pedir al lector que no hiciera mucho caso de los evidentes anacronismos que se verán durante el relato, como la aparición en los combates de algunas tribus celtas, que ya se habían disgregado en el siglo XIV bajo el nombre de los países que hasta hoy perduran: Irlanda, Escocia, Francia... Si me veo obligado a incorporar estos errores temporales en mi narración vuelve a ser por mi sentimiento de obligación a ser fiel a las historias inventadas en nuestro canal #Cameliard del IRC.

Mi última explicación es sobre el dato sesgado de que Kharn lleva mas de dos siglos vivo. Esto se debe a que cuando creé mi personaje, le añadí unas gotas del juego de rol Vampiro Edad Oscura. Kharn es un vampiro. Por no enrevesar más la historia, y por gusto mío, he obviado las normas básicas de vampiro, como la alimentación o la vida nocturna. Hay mil normas específicas que pueden permitirme esos detalles. Y la libre imaginación del IRC me permiten mil detalles más. Lo único que me interesaba de ser vampiro en esta historia era la experiencia y el dolor acumulado sobre los hombros de mi personaje. Finalizo el comentario precedente al diario con los agradecimientos pertinentes. A Weiss y Hickman por sus grandes novelas. A todos los autores de fantasía épica que me han inspirado y me han proporcionado tantas horas de gozo entre sus libros. Al personaje histórico Sir William Wallace, y a su versión romántica moteada con toques de  Rob Roy que le dieron el carácter a Kharn. A Mario, por su constancia y su inestimable ayuda. A Teresa, por su sencillez y delicadeza. A mis padres, por haberme hecho como soy y ahora estar arrepintiéndose. A todos mis amigos del IRC, cuya imaginación me ha hecho volar en más de una ocasión. Y al amor de mi vida, Marina, por estar siempre a mi lado con su carácter dulce y bravo al mismo tiempo. A ti te dedico este escrito, mi Stóirin á Grá.

Y gracias a todos los lectores por aguantarme hasta aquí y con suerte, seguir leyendo el diario. Son mis ganas de compartir mis conocimientos y emociones con todos vosotros lo que me ha llevado a relatar esta historia. Todo lo bueno que mi diario tiene es gracias a las personas que nombré antes. Los fallos y errores, son exclusividad mía. 

Javier Traité, a 14 de Septiembre del 2000


Eoghan "Kharn" McPhillon, antaño noble montañés... apareció entre la bruma perpetua que rodeaba sus montes... entro en su cabaña y cerró la puerta de madera con llave. Miro alrededor suyo: otro pasado que debía ser eliminado. Se sentó en el tosco escritorio que se había fabricado con madera de roble de los bosques colindantes a la colina del cromlech[1], donde edificó su cabaña. Extrajo un rollo de pergamino, fabricado con piel de cabra... tomo una pluma de gaviota, una de esas gaviotas que suelen planear y chillar clamando al cielo, en los peñones borrascosos e inclementes de las Islas Orcadas, y mojó la punta en un pequeño cuenco hecho con un cráneo de nutria, lleno de tinta fabricada con agua, especies vegetales y polvo mineral. Cubierto con su plaid[2] en medio de la tormenta, mientras todos los demás dormían, encendió una vela mientras la chimenea ardía en el otro extremo de la casa. Y empezó a escribir:

 

Diario de Guerra de Eoghan "Kharn" McPhillon

Anno Domine[3] 1346, a 11 de Septiembre, aguardando el Samhain[4]...

Cameliard duerme, y mientras descansa en su ignorancia, yo, Eoghan McPhillon, conocido por todos como Kharn, sobrenombre ya predicho por Angus "Zealot" McPhillon durante mi infancia, y recibido durante el asalto a Glastonbury por mis hombres como venganza, dejo constancia de mi vergüenza y oprobio antes mis actos. Pues nada tuve durante toda mi existencia salvo Libertad y Honor... mi palabra ha perdido su valor, y soy esclavo de ese acto, así pues, nada me queda. Y la gente que me ama y respeta merece saber el porque de mi vergüenza y el porque de mi marcha.

Tras la guerra con Wismerhill, en cuya muerte empeñé mi alma y realmente ese precio pagué (pues cuando muera, ya ni salvación ni reencarnación me esperan, sino oscuridad), mi esposa, Nekkara McPhillon, creyéndome presa de una terrible amnesia, partió en busca de nuestro hijo, aquel que Wismerhill nos había robado en su ultimo acto de odio antes de morir en mis brazos odiosos. La intención de mi esposa era ayudarme a recuperar la memoria, que yo jamás había perdido, pero que algún esbirro infiltrado de Wismerhill debió haberle mentido al oído. De modo que súbitamente, sin saber el motivo, me encontré de nuevo solo en la ciudad de Cameliard. Lloré muchas noches su desaparición... pero los meses pasaron... y el dolor se fue mitigando mientras yo me forzaba a apartarla de mi mente y mi corazón. Un día, por la mañana, aun con un dolor sordo en el alma, ya no lloré... y mi vida empezó de nuevo. Poco después de que eso ocurriera, la guerra librada contra Camelot y las Huestes de su rey, Ban de Bennowyc, absorbió toda mi mente y energía, y me centré en cuerpo y alma a lo que mejor se hacer y a lo único y exclusivo que debería dedicarme: el arte de la guerra. En esa época, conocí a una valerosa dama bretona, Geneve d'Houdancourt et Caerleon. Ya había intercambiado algunas palabras con ella en los tiempos en que yo era joven y estúpido y luchaba por Camelot, antes del Gran Exilio que llevó a la fundación de Cameliard, pero jamás la volví a ver hasta ese día. Luchamos codo con codo ella y yo contra la ira Camelotiense... Por entonces, Sagrad ap Edhin, rey de Cameliard, decidió revivir la Orden del Corazón Celta. Estando el destacamento Bretón sin líder, pues Navard había partido, y conociendo yo la bravura de Geneve, la propuse como Líder de la Escuadra Bretona. Ella aceptó el compromiso, bajo el escudo del Armiño, la Espada y la Rosa Azul y el lema de Fichérez Káer ha Talvoudegehz[5]. Paseos a caballo, tácticas de guerra, y duros entrenamientos establecieron unos lazos entre nosotros dos que llegaron a una grandiosa y valiosa amistad... hasta que los aguijones del amor empezaron a regar los corazones. Geneve nada sabía de mi esposa, y se acercó a mi con pureza y buena voluntad, sin animo de dañar. Los asuntos de guerra habían distraído la atención de los habitantes de Cameliard, de modo que nadie me sacó de mi error, así que mi acercamiento a ella fue puro también. Pero hace unas semanas, ¡Oh, fatuo Destino que me niego a creer en tu existencia! llegó mi esposa de su terrible viaje... con mi hijo, el pequeño Eoghan McPhillon, de Trece Veranos de Edad. La decepción y la tristeza se plasmó en su rostro y alma al ver que todo por lo que ella había estado luchando se había convertido en polvo. Y la tristeza embargó a su vez el corazón de Geneve, al ver que yo, en cierto modo, la había mentido. ¡Oh mi Señor Todopoderoso, la Veloz Mano Firme que siempre me sostiene! Debo confesar mi vergüenza por mis actos, pues las amaba y amo a las dos... las brasas que siempre quedaron por Nekkara se avivaron instantáneamente al ver que ella no me había abandonado, y el amor por Geneve era puro también. Que hacer? Que hacer!? Me siento incapaz de caminar por las calles de nuestra pequeña y querida ciudad, sabiendo que en algún momento puedo encontrarme a alguna de las dos... y que mi corazón puede saltar y por tanto herir a la otra... Que hicieron ellas dos para merecerse tal despecho por mi parte? Dos almas puras y amantes, traicionadas por un hombre que no tenia tierras, ni oro, solo libertad y honor... que ironía! Cuanto menos tienes, menos puedes perder, pero ahora me doy cuenta de que fui un hombre rico en realidad... pues ahora que he perdido mi honor y mi libertad, me siento desnudo y desdichado.

Es por todos conocido el ataque a Cameliard por parte de Unukalhai y sus huestes Reptiles... quien estuvo presente conoce de mis heridas, tan graves que incluso a mi, un vampiro superviviente por mas de dos siglos, me llevaron casi a la muerte. Entonces Zealot me llevó con el a las Islas Orcadas, a un conclave druídico que allí mora, y entre todos, durante una semana, hicieron sacrificios y magia druídica para salvarme... y lo lograron. Ah, Bendito Señor Mío, Que Todo lo Das... ojalá hubiera muerto allí! Pero debía pagar por mis pecados, así que aquí en Cameliard me encuentro... entre dos mujeres heridas y traicionadas, y mi corazón desgarrándose cada día.

Pero ayer por la noche, llegó a la taberna Eachine McAnalistair, mi fiel mensajero picto, con un aviso de los pueblos del norte, de las tierras que aun pertenecen a los descendientes McPhillon: Los Wykings[6], conocidos aquí como "Vikingos", han vuelto a zarpar en sus Drakkar[7] de Guerra para reconquistar las Islas Orcadas que durante un tiempo les pertenecieron, antes de que les echáramos de allí pues eran nuestras tierras. Es mi deber como Laird[8] de mi gente ir al norte a protegerles y guiar las tropas. Además, no debemos olvidar que los Vikingos asaltaran las Islas Hébridas y las Orcadas... y fueron los druidas de las Orcadas los que me salvaron, y los primeros en caer si no voy. Estoy en deuda con ellos, de forma que no queda sino partir inmediatamente en su protección... De modo que aquí recurro a mi ultimo acto de vergüenza: huir. Porque me encamino valeroso a la batalla, pero en realidad huyo temeroso del dolor que causo aquí, en Cameliard. Y abandono a las dos mujeres por las que juré dar mi vida, y a mi hijo además...

Este Diario de Guerra es la confesión de un hombre torturado... de un hombre que se ha portado como lo que es: un cerdo escocés que jamás debió salir de sus montañas. Ya le he rogado a Dios que me perdone. Ahora solo puedo rogarle a mi esposa, Nekkara McPhillon, que perdone mis ofensas y el haberla dejado, el no haberla esperado... y a mi querida Geneve, que perdone mis mentiras, mis promesas que resultaron ser vacías, pues me veo en la imposibilidad de llevarlas a cabo. Y ruego a todo Cameliard que les dispense a estas dos bravas señoras el trato que se merecen: un trato de reinas, de mujeres bravas, guerreras y nobles ante todo.

Tampoco me llevo a mis hombres a la guerra... Cameliard necesita su ejercito. De modo que doy libertad a mis hombres para que se pongan bajo la capitanía de Nekkara McPhillon, Señora de los Ejercitos de Cameliard, o bajo el mando de Geneve d'Houdancourt et Caerleon, Señora de la Escuadra Bretona de la Orden del Corazón Celta, según prefieran. Solo me llevo conmigo a siete hombres, siete McPhillon que residían aquí, pues de ellos si que no puedo prescindir. El único McPhillon que se quedara en Cameliard será el buen druida Zealot... sus cuidados y su sabiduría serán beneficiosos para la ciudad y no quiero hacerle viajar más. También me llevo conmigo a Eachine McAnalistair, mi fiel mensajero picto, pues el será el encargado de ir trayéndos las paginas de mi Diario de Guerra. Si hago esto no es solo para que la gente de Cameliard sepa como marcha la guerra en el norte y estén preparados por si tuvieran que defender Cameliard... lo hago también para que todos sean conscientes de la vergüenza que este maldito escocés siente en su ser... todos vosotros, hermanos míos, seréis mis confesores, que escucharéis mis pecados y me condenaréis. Es lo único que os pido: que me permitáis pagar mis errores.

Cargado de vergüenza y de deshonra, finaliza la primera inscripción de su Diario

Eoghan "Kharn" McPhillon

 

Anno Domine 1346, a 29 de Septiembre, aguardando el Samhain.

Han sucedido muchas cosas desde que hice mi primera anotación en este diario. El mismo día que me disponía a partir, llego a mis oídos la noticia de que la guerra que mi esposa Nekkara estaba librando iba de mal en peor. Aun en la vergüenza que me invade por mi traición a mi querida Geneve, el amor y el deber que me inspira mi esposa me ha hecho desviar mi viaje un poco hacia el oeste. Los recuerdos son confusos... recuerdo silencio... oscuridad... y claridad de corazón, una claridad que no sentía desde hacia semanas... Mis hombres siguieron el camino al norte y me esperaron en Invergarry, mientras yo me infiltraba en solitario en el campamento de los Túnicas Negras que habían capturado a mi esposa tras matar a todos sus hombres. Quizá porque en ese momento mi corazón estaba inundado de amor y pureza, quizá porque se habían confiado demasiado, o quizá porque Dios Todopoderoso ¡Alabado sea su nombre! decidió no dejarme en la estacada, los Túnicas Negras no detectaron mi presencia y rescate a Nekkara de sus garras. Entre los dos realizamos una silenciosa huida y nos refugiamos en el bosque, donde Zealot, en compañía de la diosa Keridwen hecha carne, y Nosferr, nos esperaban. Nekkara nos explicó que para ganar la batalla, eran necesarios corazones limpios, y, en su contraste, poderosos Túnicas Negras a nuestro lado también. De modo que ellos organizaron un grupo de búsqueda que partirá hacia el oeste, al encuentro de un paso al mundo de Krynn[9] donde puedan aliarse con otros Túnicas Negras. Desgraciadamente, no pude ir con ellos en ese momento, pues mi corazón aun se halla manchado por la vergüenza y la deshonra que los sucesos acontecidos hace semanas, y que ya confesé en este diario, lanzaron sobre mi.

Así pues, hace tres días que llegué a Invergarry. Es curioso el contraste que se nota en esta cuidad, respecto al sur de Escocia, donde se halla Cameliard, Edimburgh, Glasgow... Invergarry es, por así decirlo, el paso para llegar a las Tierras Altas de mi país. Aquí los edificios están mas apiñados unos a otros, pues el terreno se transforma, de verdes planicies, a ingratas montañas. La estructura de sus edificios es mas sólida y recia: gruesos muros de piedra de cantera, forrados de madera por dentro, y tejados de pizarra que niegan la entrada a la humedad y que conservan el calor de una hoguera dentro de la casa. La ciudad de Invergarry en particular está establecida en forma radial y alargada, de modo que une los lagos Ness y Garry. Quien quiera tomar los Highlands, debe saber que Invergarry es la llave, debe tomar Invergarry.

Por lo demás, también la dejadez nórdica se hace mas patente a partir de esta ciudad y siguiendo al norte. Las calles no están adoquinadas en su mayoría, y  los excrementos de caballo y de reses se apiñan en el camino. Vemos muchos niños famélicos pidiendo o robando por las esquinas, todos ellos procedentes de las tierras altas, donde la pobreza es extrema, y el hambre acusa. Muchas mujeres, antaño de nobles familias de clanes antiguos de los Highlands, se han dedicado a la prostitución como único medio para sobrevivir y traer algunos ingresos extras a las casas. En favor de sus maridos, debo añadir que no se están parados en casa esperando que sus mujeres traigan el pan, sino que siguen en los Highlands luchando contra la ingrata y estéril tierra para que les de algunos frutos. Pensaba que mi situación era extrema, pero lo cierto es que lo que los corazones de esos hombres deben soportar es una durísima carga. Este viaje esta resultando muy instructivo para mi, pues tanto tiempo apartado de las campañas de guerra me habían hecho olvidar lo miserable que es el mundo. Al mismo tiempo, mi corazón se va aliviando poco a poco, viendo la situación desesperada de estos hombres. Al menos, aunque mi situación es difícil, el amor que siento es puro, y las dos mujeres que me han amado y que quizá aun me amen, lo hicieron por propia voluntad y con limpieza de espíritu. La noche esta avanzada ya y mañana llegan los destacamentos con los que debíamos reunirnos, de modo que ahora me iré a descansar.

 

   

 2 de Octubre, festividad de San Berenguer.

Acabamos de levantar el campamento y nos disponemos a pasar la noche. Al día siguiente de cerrar yo este libro, llegaron los destacamentos restantes. Un total de un centenar de hombres forman ahora la columna que se desplaza hacia el norte. Hay entre nosotros dos nobles, Sir Duncan de Mallaig, y Sir Gillean de Lochaline, los cuales llevan una treintena de soldados a su servicio cada uno. El resto de los hombres de la columna somos clansmen[10], venidos de los puntos colindantes a la region... los MacArree, los Kintail, los Turnbull, los MacBridhe... y nosotros, los nueve guerreros McPhillon (Eachine, el picto, vivió siempre en nuestras tierras y lleva con orgullo los colores de los McPhillon). Para una ciudad de tamaño medio como es Invergarry, un centenar de hombres es una superpoblación, de modo que el señor de la ciudad, Sir Finneas Dunhill, nos invitó amablemente a partir sin demora, en cuanto la cerveza y sobretodo, el pan y la carne, empezaron a escasear. Los habitantes de la región se reunieron para despedirnos y desearnos suerte, y la Iglesia Parroquial nos hizo un regalo de un cofre de oro, el cual nos vendrá muy bien para reponer armamento roto y para sobornos, si lo sumamos al que han traído los dos nobles que nos acompañan.

Aunque es algo que ya he visto otras veces, no deja de sorprenderme el contraste de un ejercito compuesto por Lowlanders y Highlanders: mientras que los habitantes de las Tierras Bajas aceptan ese oro y usan el suyo propio para beneficios de guerra, los montañeses parecemos desesperados por repartir un poco de ese tesoro entre los mendigos del camino. Somos todos compatriotas, y todos nos sumamos a la lucha para proteger nuestro país, pero... tan diferentes somos? Tanta diferencia hay entre norte y sur como para que nuestros vecinos no se apiaden del hambre de nuestras mujeres? Llevo dos siglos viviendo, pero creo que jamás comprenderé lo que mueve el alma humana... Sea como sea, me rompió el corazón ver a una mujer con los colores McPhillon ejerciendo de prostituta en un poblado cercano a donde hemos acampado. Yo conocí a sus abuelos, Erich y Leanna. Leanna preparaba las mejores galletas de avena del pueblo, y siempre me daba un par cuando mis padres me castigaban sin cenar. No me dijo su nombre, pero la reconocí por esa afilada y hermosa nariz que caracterizaba tanto a su abuela, y ese mentón despejado herencia de su abuelo... de modo que robé veinte monedas de oro del tesoro que dio la Iglesia y se las di, pidiéndole que volviera a nuestro hogar y no volviera a hacer la calle... Ella me dio las gracias... se que su marido me estará agradecido. Quizá, estos pequeños actos que no solucionen nada a nivel general, ayudan a limpiar mi corazón del mal que le aqueja. Al menos la muchacha y su esposo tendrán para pasar el invierno y comprar reses para el verano.

Los Lowlanders llevan tres rameras con ellos. Son mujeres alegres y desvergonzadas, muy diferentes a las que vimos padeciendo hambre en Invergarry. Complacen a los soldados en las noches frías, pero los montañeses permanecen habitualmente en sus tiendas o refugios, solos... supongo que son demasiado románticos, y echan de menos a sus esposas, considerando como traición el sexo por pago que ofrecen estas mujeres... llevo todo el día pensando en ello y lo cierto es que se me revuelve el estómago. Recuerdo aquellos tiempos en que peleaba solo con montañeses, pueblos celtas en movimiento. Hombres y mujeres peleábamos codo con codo como iguales, y si bien la libertad sexual estaba bien vista, jamás era algo tan desagradable como el pago por un "servicio", jamás era tan frío... y las parejas comprometidas se eran siempre fieles... ansío llegar mas al norte, a mis tierras, donde me encontraré con mas clansmen y grupos celtas... si se me otorga el comandamiento de alguna compañía, me encargaré de que esté formado exclusivamente por montañeses y tribus celtas... no quiero mezclarme en demasía con estos degenerados compatriotas míos de las tierras bajas, aunque comprendo en cierto modo su comportamiento pues su proximidad a Inglaterra, y por tanto, Europa, les ha instalado el sistema feudal y sus consecuencias en la sangre.

Hace frío y los rescoldos de la hoguera ya se apagan. Mis hombres descansan y yo lo haré en breve. Ya casi percibo el olor de los brezos de los Highlands. Estoy entrando en mi terreno, que es mi espíritu y siento que el alma se me apacigua. El cardo, flor nacional de Escocia, parece que con su sola visión sea capaz de calmar mi corazón de los dolores que le aquejan. Intento apartar de mi mente y de mi corazón el recuerdo de Geneve, aunque no dejo de preguntarme que estará haciendo en Cameliard. Y anhelo en mi soledad recibir el cálido abrazo de Nekkara, mi amada esposa, que ahora mismo estará buscando a los Túnicas Negras. Estoy tranquilo por ella, pues se halla en buena compañía, pero la echo muchísimo de menos. Espero que ambas me hayan perdonado cuando vuelva de esta guerra... que Geneve me olvide y rehaga su vida y que Nekkara me acepte de nuevo a su lado. Si eso no ha de ocurrir... Oh Dios, tu que eres mi Ciudadela y mi Escudo, mi Espada y mi Baluarte, haz que muera honorablemente en combate... Pues no soportaría otra mirada de dolor y traición por su parte... 

Eoghan "Kharn" McPhillon

Anno Domine 1346, a 24 de Octubre, aguardando el Samhain.

 

Los días se suceden inexorablemente... Hace ya más de un mes que partí hacia esta guerra, contra los Wyking y contra mí mismo...

A lo largo de interminables y frías tardes otoñales, fuimos siguiendo el camino de tierra que bordea todo el Loch[11] Ness hasta llegar a la ciudad de Inverness... Hacía mucho que no visitaba la ciudad, y debo admitir que me sorprendió el cambio que en ella observé. La ultima vez que estuve allí fue para tomar los barcos que nos llevarían a Edimburgo y de ahí a Francia, camino a la Tercera Cruzada, en la que portamos a la salvación el corazón arrancado de nuestro Rey Robert de Bruce, libertador de Escocia. En aquellos tiempos, la ciudad parecía encogerse con miedo sobre sí misma, dentro de las murallas, un reducto humano en medio de la hostilidad del hermoso pero salvaje paisaje. El castillo dominaba la loma de la colina que se hunde en el Ness. Hoy en día, el mismo castillo sigue fortificado en ese lugar, pero se han construido cientos de cabañas extramuros. Lo cierto es que es un espectáculo ver como los hombres se extienden como si fueran una plaga sobre el hermoso territorio. Donde antes solo había verdes prados que dotaban de un misticismo especial al lugar, hoy hay campos de cultivo, rediles para las vacas lanudas, y excedente de personas hacinadas junto a las dos Iglesias Parroquiales fuera de las murallas. El hecho de que las casas estén en su mayoría rodeando esos píos edificios es porque así los habitantes, tristes campesinos, puedan acogerse a sagrado. A una distancia de cuarenta pasos a la redonda de cada Iglesia, el territorio está declarado como protegido por Dios, es una Sagrera, de modo que no cuesta imaginarse el ansia de conservar la vida que tienen nuestros compatriotas de Inverness. Eso me hace pensar en como cambian las creencias de una generación a otra, pues los celtas siempre hemos creído en la trasmigración del alma, de ahí surgía nuestro valor: Que mas da morir, si en breve volverás a otro cuerpo para seguir peleando? Pero con la llegada del cristianismo, muchos hombres y mujeres han abandonado esa creencia por la de una sola vida terrenal y una ultima celestial, que es mejor. No ceso de preguntarme cuan fuerte era su fe para aceptarlo tan rápido de ese modo y convertirlos en criaturas patéticamente arropadas a las faldas de una Iglesia. Aunque también me pregunto cuan coherente es mi fe, ya que si bien creo en Dios, me parece imposible negar que voy a volver a otro cuerpo cuando muera.. y que me voy a encontrar a mis Amigos del Alma, como es Nekkara, a quien ya conozco de otra vida anterior... Sea como sea, los habitantes de Inverness están aterrorizados por la llegada de los Wykings, aunque también me parece estúpido esconderse en las Iglesias. Los Vikingos son temibles paganos que solo creen en Odin, Thor, Freyha y quien sabe cuantos mas dioses. Las importa un cuerno nuestro Señor Jesús, sus normas, sus leyes y su terreno sagrado. Si llegan a Inverness, quemaran las iglesias y pasaran a cuchillo a cuantos haya allí dentro escondidos.

Otro gallo cantará para los habitantes intramuros de la ciudad. Por dentro se mantiene como la recuerdo, si bien un nuevo arquitecto añadió algo del estilo aprendido en Chartrês a la catedral que se construyo en estilo románico en los tiempos felices del buen David I. Le llaman "estilo gótico" y debo admitir que es impresionante. Los ventanales son amplios y están decorados con cristal (lo cual contrasta con la pobreza de los habitantes de los suburbios. Es por todos conocido el precio del cristal.) pintado de hermosos colores. Muestran imágenes de Santos y Santas, y por dentro hay brillantes pinturas sobre el infierno y la condenación de las almas. Las paredes son altas, tanto que parece que lleguen a rascar el cielo, y son sujetadas por unas enormes columnas y arcos de medio punto.  En espacio interior es grande y dentro se celebraba un Mercado de la Lana, donde los habitantes de alrededor, e incluso algunos de Dornoch o Aberdeen, tenían montados allí sus tenderetes y mostraban su tweed[12] de magnifica calidad. Era una pequeña ciudad en movimiento: caballos, reses, mercaderes, ladrones, asesinos, prostitutas... me llamó mucho la atención ver a una ramera exhibir sus pechos exuberantes y su poblado pubis justo bajo la imagen de Santa Ceredygwn... Un menudo monje Dominico, negro como ala de cuervo y de aspecto torvo, la echó a patadas, llamándola Puta de Babilonia y exhortándola a abandonar con su pecado la casa de Dios... todos los mercaderes se reían del Dominicanis, llamándolo Canis Domini, un hábil juego de palabras transformando el nombre de esta a Orden a "Perro de Dios". Mis hombres se perdieron por el mercado, donde entablaron contacto con otros montañeses que se habían reunido en Inverness para partir hacia el norte. Según me informaron, Inverness era punto de cita para el grueso del ejercito escocés, que se reuniría mañana en la entrada de la catedral. Mientras mis hombres compraban algunas baratijas para sus esposas: hermosos torques de bronce, anillos de acero cuidadosamente labrados o mortíferas dagas adornadas con bronce y hierro, yo me dirigí hacia el fondo de la catedral. Allí habían varios hombres confesándose con los Hermanos. Me paré a observar sus rostros cuando terminaban de hablar con los monjes: rostros compungidos, algunos llorosos, otros temerosos... si una confesión saca lo malo del alma y te concede el perdón... a que venían las lagrimas y el horror en sus caras? Deberían estar felices por haber conseguido el perdón... o quizá la penitencia que les exigió el sacerdote fue demasiado dura. Sea como sea, eran todos curas viejos, decaídos, marchitos, en cuyas confesiones se plasmaba su frustración por no poder volver a ser jóvenes y viriles. Una muestra mas de lo contradictoria que es el alma humana, pues deberían ser felices por haber vivido cincuenta o hasta sesenta años... en los Highlands, muchos mueren con veinte o treinta años de edad. Al fondo del presbiterio distinguí una figura que me llamó la atención. Era un joven rubio, de unos veinticinco veranos de Edad, que vestía el sencillo hábito marrón y el cordón de los Franciscanos. Estaba apoyado irreverentemente en el Altar Mayor, comiendo un mendrugo de pan seco, mirando divertido al Dominicano que finalmente los mercaderes habían expulsado a patadas hasta el fondo del recinto sagrado. Me acerqué al franciscano y le pregunté su nombre. Se llamaba Ciaran de Eiru. Era un joven irlandés cuyos padres habían enviado a Inverness a estudiar teología. No es que Ciaran no creyera en Dios Nuestro Señor. Es que sencillamente, las rígidas normas de la Iglesia Católica y Apostólica le parecían una tontería propia de retrasados mentales. No se que fue lo que me impulsó, quizá el contraste entre creencia e irreverencia, pero lo cierto es que le pedí que me tomara en Confesión. Rió abiertamente y me llevó a un aparte, detrás de una de las grandes columnatas. Había allí una ramera copulando con un campesino. Ciaran soltó otra carcajada y le comentó de buen humor si no estarían más cómodos en los establos de fuera, sobre el heno. Ella sonrió y asintió, y tirándole de la camisa, se llevo al campesino, aun con los pantalones bajados, hacia fuera. Ciaran se sentó y me preguntó que me sucedía. Me sorprendió la poco protocolaria forma de hablarme, pero lo cierto es que el muchacho me caía bien, así que empecé a hablar... al principio con dificultad, pero después, mi corazón y mi lengua empezaron a aflojarse... y le conté mi historia, lo que me torturaba el alma, lo que me había traído a esa guerra aparte de mi deuda de honor con los druidas...

 -Vamos, McPhillon! Te torturas demasiado... tal y como me hablas de esa mujer bretona, esa Geneve... ella debe ser una mujer estoica y fuerte... Por qué te preocupa tanto su dolor? Temes acaso que se cuelgue de una viga del granero? Si no me has mentido, esa mujer te llorará un día y después rehará su vida, seguirá siendo hermosa y fuerte como la conociste... la menosprecias si piensas lo contrario. Y si es tan justa como me has dicho, entenderá perfectamente tus sentimientos hacia ella que eran puros, y hacia tu esposa, que lo eran también. Además, con esa Nekkara estás comprometido, no?

 -Casado

 -Bueno, comprometido, casado... da lo mismo... Hay algo más que te une a esa guerrera que el amor... hay unos votos, unos lazos formales, un juramento. Si tanto te preocupa tu honor, no olvides que si no vuelves con ella aun lo ensuciarás mas, pues juraste ante Dios (y no solo ante ella) que estarías a su lado por toda tu vida. Dime, la amas?

 -Si, Hermano Ciaran. La amo.

 -Entonces, McPhillon, la opción está clara. Lárgate de aquí, vete a pelear al norte y de paso evita que los nórdicos vengan a cortarnos el cuello, (eso te lo pido como favor personal). En ese tiempo, Geneve te habrá olvidado, o al menos, habrá hecho menguar el dolor de su corazón. Y si tu esposa te ama de verdad, te estará esperando a su regreso. Esa será la única penitencia que te impongo: la duda que te asolara hasta que hayas vuelto de esta estúpida "redención" que buscas, pues hasta que vuelvas a esa ciudad del sur, Cameliard, no sabrás a ciencia cierta si tu mujer te perdonara.

Sonreí ante las sabias palabras de ese descarado joven... le di las gracias por todos y me dirigí a la entrada de la catedral, donde mis hombres estaban comerciando con un mercader que vendía hermosos plaids con diferentes diseños de tartán.


[1] Círculo megalítico. Muy habituales en la islas británicas y en general en los paises celtas. Los más conocidos son el de Stonehenge, en Averbury, y el de Callanish, en la isla de Lewis.

[2] Palabra gaélica que significa “manta”. Los celtas, sobretodo los escoceses, las usaban a modo de capa echada por encima del hombro. Antiguamente llegaba hasta las rodillas, pero cerca del siglo XV ya se dividió el atuendo en plaid y kilt, que es la conocida falda escocesa. De todos modos, es posible que aun antes de haber divido la prenda en dos piezas de ropa, los gaélicos ya llamaran kilt a la parte inferior.

[3] Latín. Significa “Año del Señor”

[4] Festividad celta fijada a primeros de Noviembre. Era de un especial significado, pues creían que en esa festividad, se abrían pasos a otros planos, de Dioses y Muertos, y que los espíritus podían vagar libremente por la tierra.

[5] Bretón. Significa “Elegancia y Valor”

[6] Lengua nórdica, noruega. Se traduce directamente a Vikingos. Viene del término “wyk”, que son los ríos y fiordos que estos guerreros usaban a modo de desplazamiento para llevar a cabo sus asaltos desde el mar.

[7] Noruego. Significa: Barco Dragón. Eran embarcaciones alargadas y veloces, preparadas para la guerra y el desembarco rápido en los vados de los ríos. El nombre lo reciben por las delicadas cabezas de dragones que se tallaban en la proa, dándole a la nave un aspecto amenazador.

[8] Gaélico. Significa “líder”, “jefe”, “cabecilla”.

[9] Ésta es una referencia al mundo creado por Weiss y Hickman.

[10] Me veo obligado a usar la palabra actual. Es una curiosa mezcla de gaélico e inglés. Viene de “men”, que significa “hombres”, y del término gaélico “clann”, que significa “familia”, o “hijos”. Se usa como término para llamar a los hombres y mujeres de una misma familia o clan. Esa pequeña estructura social era en realidad muy compleja, y alcanzaba desde los hijos del fundador de clan, hasta los primos en noveno grado o incluso amigos de honor y protegidos que estuviesen habitando sus tierras.

[11] Gaélico. Significa “Lago”.

[12] Especie de lana típicamente escocesa.

 

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