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Dreamlord : oscuridad y sueños. Mis ojos la miraban con ternura y atención. La misma pertinaz atención que pone el águila en el conejo que corretea por el monte. En mi faz se esboza una sonrisa y mis ojos dilatan las pupilas para adaptarse a la oscuridad. Me acerca deslizándome por las sombras de su habitación. En sueños se rebulle en sus sábanas y comienza a sudar, es siempre lo mismo, basta que me acerque a alguien para que observe estos mismos síntomas. Las gotas de sudor empieza a aparecer por doquier bañándola, da igual, sus pensamientos serán míos, al igual que sus sueños se empiezan a tornar pesadillas, oscuras y lóbregas pesadillas. Se como es, como viste, cual es el sonido de su dulce risa. Lo se todo de ella.... Respiro hondo y un poco de su aroma se pierde entremezclandose con el olor dulzón del miedo. En sus sueños algo está acabando con su cordura y la aterra. -Tranquila, pronto descansarás...- digo mientras acerco mi mano a su cuerpo, que ahora se retuerce en sueños. Rueda sobre si misma golpea el despertador, el dolor la obliga a despertar. Oscuridad. Solo veo oscuridad.... No, algo tenue parece provenir de algún remoto lugar que no puedo ver. Es como un rastro...Extiendo las manos en la oscuridad y se topan con paredes. Empiezo a andar y con las manos trato de no chocar contra las.... ¿paredes ? Son extrañamente lisas. Un ruido, estoy segura de haber oído un ruido. Trato de contener mi respiración... nada.... si... parece como un .... olfateo. Un pensamiento se adueña de mi, no estoy sola. Detrás mío hay algo, no se que pero hay algo. Impaciente continuo buscando la salida, parece que la luz se va haciendo mas intensa... espero poder llegar, si, seguro que llego. Tengo miedo, oigo a mi perseguidor cada vez mas cerca. Parece como si los pasillos fueran cada vez más estrechos, el techo y las paredes se hacen agobiantemente estrechas. El sudor empieza a empapar mi camisón, a medida que avanzo siento como se me pega al cuerpo e impide moverme con facilidad. La luz ! Ya la veo. Miro hacia atrás y veo un par de ojos amarillentos corriendo hacia mi. Tan solo tengo que llegar a la luz, eso es lo que quiero. A trompicones salgo por el agujero que da a la luz, tropiezo y caigo sobre mi mano. Siento como un gran pinchazo en mi muñeca. Miro a mi alrededor y veo esos ojos mirándome en medio de más oscuridad. Alarga su mano hacia mi y una abertura debajo de sus ojos se ensancha... ¿sonríe ? ¿me está sonriendo ? ¡Oh Dios ! Mis ojos se clavan en los suyos. La observo, ahí, indefensa. Me mira aterrada, todavía no sabe quien soy... todavía... Sonrío mientras mi mano atraviesa las ropas de su cama y las suyas para ir a atenazar su corazón... pronto será mío. Quiero ver el pánico en sus ojos. Siento dolor en mi mano... es un dolor lacerante que me recorre todo el brazo, es real, lo se pero... ¿porque sigo soñando ? ¿porque no puedo despertar ? Un pensamiento se adueña de mi alma ¡No ! Mi razón escapa, como el agua de una presa rota, a raudales. Algo en mi interior me dice que tengo razón
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| El mago que surgió del frío
La oscuridad envolvía el patio del castillo de Camelot, sus grandes torreones dominaban todo el territorio, cuentan que en días soleados se podían ver incluso las brumas de la Isla de Ávalon. Pero ahora tan solo ensombrecian el interior de las murallas. Sus alargadas figuras arrojaban protectoras sombras a la furtividad de la luna llena. Un hombre a caballo llegó en plena noche... Su túnica ondeaba ligera ante la brisa que provenía del mar. Su pesada respiración exhalaba nubes de vaho al condensarse en el frío ambiente exterior. La cabeza le martilleaba.... sus dotes arcanas apenas le habían conseguido sacar con vida de aquella escaramuza. Su ayudante había muerto y él, bueno, apenas era consciente de sus movimientos. Tan solo recordaba vagamente lo sucedido tras el grito de su ayudante. El cayó tras ser golpeado por uno de los ladrones, pero cuando se disponía a registrarle él había alargado una mano hacia su pecho y.... era incapaz de recordar nada más. Lo siguiente que recordaba era una macabra escena de cuerpos vacíos exánimes, sin vida. No sabia que había sucedido. De hecho, tampoco quería averiguarlo, recordaba haber corrido y haber encontrado su caballo pastando cerca de un riachuelo y... bueno, ahora estaba allí, en aquel pueblo. Si, creía haber abierto un portal hacia su torre... pero parecía que sus cálculos no habian sido correctos. Seguramente, pensó, se debía a su agitación interior... Desmontó del caballo y miró a la reja de puente. Apoyándose en su bastón se acercó a la reja para hablar con el guardián... Su mente se nublo y todo se oscureció... Abrió los ojos con un solo pensamiento, tenia que pedir ayuda, estaba tirado en medio de un puente...Al tratar de incorporarse sintió algo húmedo en su frente. Enfocó la vista y vio que se hallaba en algún tipo de dependencia...miro enderredor y vió a una mujer de cabello cano que se encontraba de espaldas... su túnica estaba colgada en una silla, totalmente limpia. Se incorporó cogiendo el trapo húmedo de su frente y carraspeó. La dama se giró y le miró. -Ya habeis despertado. Me alegro, señor.- Su sonrisa era franca y sincera- ¿Necesitais algo ? ¿Vino ? ¿algo de comer ? ¿quizás querais que comunique a Arturo vuestra recuperación ? -¡Un momento !- Su voz sonó imperiosa, incluso mas de lo que el hubiera deseado, pero creia que estaba mas débil de lo que estaba- ¿Arturo ? ¿Donde estoy ? ¿y...-hizo una pausa para tomar aliento- cuanto hace que estoy aquí ? -¿Arturo ? -la mujer lo miró desconcertada- El rey de Inglaterra, por supuesto, ¿a quien os pensabais que me refería ? El Señor de Camelot. Con respecto a vuestra segunda pregunta, lleváis dos semanas inconsciente. Él la miró desconcertado. -¿Donde se haya ese tal Arturo, rey de ...- se quedo pensativo mientras la mujer terminaba la frase por él. -Inglaterra, rey de Inglaterra, muchacho. Está con la reina Ginebra en la sala del trono... ¿le digo que vais a bajar ? Hizo una señal de asentimiento y cuando desapareció se levantó de la cama, toda su ropa había sido limpiada cuidadosamente y sus saquillos y equipaje distribuidos en una gran mesa. Se puso la túnica y se colgó los pequeños sacos donde tenia sus ingredientes de conjuros, también estaban ahí sus colgantes y su caja de pergaminos. La miró y la dejó en la habitación. la maldición no estaba ya presente en él. Era increíble no sabia como pero a pesar de mantener su magia ya no tenia los estigmas de la Prueba. Aspiró con fuerza y sintió como el aire entraba a raudales en sus pulmones sin que ningún atisbo de tos sacudiera su delgado cuerpo. Exultante salió de la habitación y realizo un sortilegio de protección sobre la puerta, simplemente no se abriría si no se levantaba el sello. Al volverse vio a un anciano sonriendo mientras le miraba... -La juventud desperdicia demasiadas energías en cuestiones triviales.- le dijo, sin perder la sonrisa del rostro. Lucia un sayal azul brillante con un gorro puntiagudo. Acto seguido señalo con el índice la puerta y esta se abrió. El joven hechicero apenas podía dar crédito a lo que acababa de suceder... Antes de que pudiera reaccionar el hombre se acercó a él y sin molestarse en mirar la puerta, la cerró. Le comentó que su llegada había sido todo un acontecimiento en la corte y que le acompañaría a ver a Arturo y a Ginebra para que le presentara sus respetos. Él le siguió casi mecánicamente mientras seguía pensando en lo que acababa de pasar. Su sello mágico no había sido nada extraordinario, pero no esperaba esa facilidad por parte de aquel anciano...Llegaron a la sala del trono. Era abovedada y con pequeñas ventanas que daban, junto con las puertas exteriores la luz necesaria. Las paredes estaban decoradas con tapices y entre estos había puestas armaduras de guerra con lanzas, espadas, picas, hachas y otros objetos de combate cuerpo a cuerpo. Tres grandes mesas alargadas formaban una gran “U”. En la mas pequeña que conformaba la base de la estructura se hallaban dos tronos, altamente repujados y con un excelente trabajo de talla. Había multitud de gente alrededor. Observó como algunos que llegaban en ese momento se arrodillaban frente al rey y la reina que estaban allí sentados y ocupaban algún lugar en aquella gran reunión. Que como después averiguaría no era más que un día común en aquel reino. El Mago le miró y con la mirada le instó a hacer lo que todo el mundo estaba haciendo, es decir, presentar sus respetos a los reyes. Lentamente se dirigió hacia estos. Mientras tanto se sorprendió a si mismo fantaseando acerca de si arrodillarse o no. Nunca había rendido pleitesía a nada ni a nadie. Ni tan siquiera a La Diosa a la que servía y a la que debía el distintivo de su túnica negra, símbolo de su orden. Entonces, mientras avanzaba cayó en la cuenta... ¡Azul ! Aquel anciano llevaba una túnica azul... quizás tan solo la utilizaba como ropa de uso diario... debía hablar con ese hombre. Cuando levanto la mirada y aclaró sus pensamientos vio al anciano a la izquierda del rey, mientras que el trono de ella se ubicaba a la izquierda de su esposo. Estaban a la misma altura, lo cual evidenciaba una equidad en el reparo de funciones del poder. Al llegar a una distancia prudencial de la mesa se descubrió la capucha y sin arrodillarse inclinó la cabeza en signo de respeto, siempre había bastado para contentar a los reyes con los que estaba acostumbrado a tratar... gente que se creía importante y a los que les encantaba el mas mínimo gesto que aparentara marcar la diferencia. Un murmullo recorrió la sala. Y los asistentes miraron al muchacho. -Saludos, Arturo- dijo, mientras miraba a la reina e inclinaba la cabeza como gesto de saludo- Señora. -Muchacho, ¿quien eres ?- Su voz sonaba tranquila y no parecía denotar ningún deje de enfado por su pequeña rebeldía, por el contrario miró al resto de la sala y ésta enmudeció ante la mirada de su caudillo. Este gesto quedaría grabada en la mente del joven hechicero durante largo tiempo. -Me llamo...- el chico meditó un momento...- Raistlin^, Raistlin^ Majere. Dentro de su confusión hasta su propio nombre se había resisitido a salir de sus labios, quizás llevaba demasiado tiempo sin tener que decirlo. Normalmente no salia de su torre... Aquel maldito consejo en la torre de Wayreth le había sacado de su merecido descanso tras su estancia en el Abismo. La lucha contra la Diosa de la Oscuridad había mermado sus fueras y estuvo casi un año sin salir. Ahora se encontraba allí, rodeado de extraños y algo no iba bien. Faltaba algo. Nadie parecía extrañado, ni asustado. La sola mención de su nombre solía evocar miedo en la mayor parte de las gentes de Krynn, que sucedía allí. -Saludos, Raistlin^ Majere- dijo la reina Ginebra- Bienvenido a Camelot, bastión de Inglaterra. ¿Inglaterra ? ¿Donde estaba este lugar ? ¿No recordaba haber visto ningún lugar con ese nombre en toda la superficie de Krynn, es mas, ni antes ni después del Cataclismo, aquella gran montaña que los Dioses habían arrojado sobre Krynn para castigar la arrogancia humana. Miró hacia los reyes de esa tal Inglaterra y vio como el Túnica azul le sonreía, parecía advertir su confusión y divertirse con ella. La cólera le invadió y la magia comenzó a fluir en su cuerpo mientras las palabras de un hechizo de ataque empezaban a cobrar forma en su mente... -Tranquilo muchacho, eso no hará falta- su voz sonaba sosegada... sosegada, así sonaba la voz que se coló entre las palabras de su hechizo y rompió su concentración, ¿como había podido romper su concentración con aquella facilidad¿ Ni tan siquiera Par-Salian podía hacer aquello, al menos no con aquella calma y aparente falta de esfuerzo. Él un archimago como nunca los había habido en la faz de Krynn... Mientras se tranquilizaba y relajaba sus tensos músculos, el anciano volvió a hablar. -Yo soy Merlín, Mago de la Corte de Camelot- se agacho para preguntarle algo a Arturo y este asintió.- Por el momento estarás a mi cargo, así que por el momento, yo me encargaré de enseñarte la corte, si es que tienes intenciones de quedarte. (Así fue como Raistlin^ Majere pasó a formar parte de los habitantes de Camelot, a pesar de sus furtivas escapadas a su antiguo mundo Krynn, para asegurar su “trono” de archimago de todo el continente de Ansalon).
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La luz... Crees que con eso me alejas... crees acaso que la luz es algo de lo que de huir. No soy yo el que te da miedo, sino tu. Te tienes miedo, admítelo. Te cuesta saber que nunca vencerás tu miedo, porque es parte de ti... eres tu... tienes miedo de ti... ¿quien eres ? ¿en realidad te conoces ? ¿eres tu ese que se refleja en el espejo ? ¿temes que un día ese reflejo tiemble ante tu mirada y descubras que no eres tu el que esta en esta parte del espejo ? Se levantó sin ninguna urgencia y respiró hondo. Aquellos sueños solían dejarlo agotado... ¿sueños ? No, mas bien eran pesadillas. Eran auténticas torturas psíquicas. Se desperezó y se miró al espejo... aquella superficie pulimentada le devolvía un reflejo de si mismo algo distorsionado por el dia a dia, las ojeras de sus atormentadas noches pero nada más... Miró por la ventana y vio la noche cerrada. Su cuerpo arrojaba una sombra alargada en el suelo de la habitación a la luz de la luna llena. Algo se rebulló en una esquina de la habitación.... no, era solo su fatigada imaginación. No había nada allí. Tan solo su espejo. Se acerco su sombra fue paseándose por la superficie del espejo abrazándolo y envolviéndolo. De repente la luna ya no se proyectaba sobre él así que la sombra desapareció... ¿o no era aquella la causa ? Debía tranquilizarse. Era obvio que esa era la razón. Se miró al espejo y observó su creciente barriga. Era increíble como engordaba en invierno. Una sombra se movió detrás de él y le inquietó ; se volvió pero ya no había nada. Noto una sonrisa a su espalda. Miró el espejo de nuevo... allí estaba él, quieto ante la impasible superficie que le devolvía su figura. Parecía más pequeño, menguado, como si el miedo lo hubiera hecho mas pequeño... o al espejo más grande. Desecho esta sensación por lo inverosímil que le resultaba. Era demasiado, necesitaba unas vacaciones. Su vida como escritor de historias de terror le estaba absorbiendo, sus historias parecían visitarle por las noches. Se miró detenidamente y soltó una carcajada que acabó súbitamente mientras sus ojos miraban el espejo con una muestra de incredulidad... Se alejó a trompicones del espejo y corrió hacia su cama. Se introdujo en ella y miró hacia el espejo... Sus facciones estaban totalmente desencajadas... alargó la manó pero antes de que pudiera alcanzar el interruptor un soplo helado le hizo volver a introducirla en las mantas. Era imposible pero cuando él se había reído su imagen había permanecido impasible y cuando se dio cuenta fue la imagen la que rió... Pero aquellos ojos... no eran los suyos... tenían las pupilas rasgadas... como las de un felino... como aquello que siempre nos acecha en la oscuridad, aquellos ojos que esperan que apaguemos la luz... |