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Crónica presentación del libro de Arturo Pérez-Reverte

"El Pintor de Batallas" 21 de marzo de 2006

Arturo Pérez-Reverte, Juan Eslava Galán y Rafael de Cózar

 

Hoy es 21 de Marzo, y camino con cierto regusto amargo en la boca hacia las Bodegas González-Byass. Sé muy bien que la cita de hoy no puede ser como siempre, y aunque a Arturo le caracteriza su mirada fría y cruda del mundo, toca pensar, remover los cimientos más interiores con esta novela, y desvelarlo a pinceladas breves y cortas a un público atento que salía de la sala con tremendas ganas de coger el libro y nadar en él. Yo misma iba por la página 205 y anoche volví a casa sedienta de él, más si cabe, y lo tomé como lo fui tomando desde su primera página, como Rafael de Cózar dijo, a sorbos lentos, pero con avidez. A sorbos lentos para comprender o asimilar lo que uno mismo no quiere a veces reconocer, con avidez porque así lo requiere cualquier novela de Arturo.

Todas las sillas de la Bodega de Los Apóstoles fueron ocupadas. Otros permanecían de pie. Bastantes reporteros gráficos cubriendo el evento. Frente a los inmensos toneles centrales se situaba una tarima sobre la que se podía ver un affiche con la carátula de la novela a la derecha, a la izquierda, el cuadro de Brueghel el Viejo "El triunfo de la muerte" y en el centro, tres sillas y una mesa sobre la que descansaban algunos vasos y catavinos. Unos diez minutos más tarde de la cita aparecían entre aplausos los organizadores junto a los protagonistas de la noche. Una sala abarrotada a la que no faltaban ni autoridades locales, ni políticos, ni amigos.

Arturo Pérez-Reverte, elegante, apuesto, delgado, ojos cansados, vestía camisa a cuadros celeste cerrada hasta el penúltimo botón, chaqueta azul,, pantalón vaquero, barba y manos bien cuidadas, con ese aire entre tímido y valiente, caminaba entre sus amigos inseparables, el conocido escritor Juan Eslava Galán y el profesor y poeta Fito Cózar.

Los tres tenían muy claro que la conversación esta vez no podía discurrir por derroteros amables y blandos. El libro es una declaración de pensamiento y vivencia madurado que nos remite al eterno principio y que nos obliga a plantearnos las claves de la vida y el comportamiento humano. Hasta el punto de tener que confesar que no somos más que lo que somos desde hace más de 3000 años sin que haya cambiado un ápice la existencia. ¿De qué nos asombramos? (preguntaba Reverte). "el espanto es frío y nadie es inocente"


Y haciendo un repaso por distintas guerras desde Troya a las torres gemelas o los desastres naturales del Tsunami (por situar hoteles a pie de playa) culpaba al propio ser humano de su locura y de su afán de poder, o la misma naturaleza que es fría; "El universo es muy cabrón" decía, "mata fríamente". Por eso confesaba que para él había supuesto un verdadero problema moral escribir este libro, “ya que me pregunto hasta qué punto debemos tener compasión" si todos somos culpables. Y la historia se repite.

El triunfo de la muerte de Brueghel el viejo.

El recorrido pictórico, la situación de este, no es más que una (soberbia) excusa para analizar lo anteriormente dicho. Él - dijo- había estado al fondo del cuadro, en el incendio, y eso le permitía entender bien el primer plano, el porqué. Como el propio Arturo decía, lo mismo podría haber sido planteado o contado desde otro fondo, un hospital, una mujer maltratada, etc... el resultado habría sido el mismo, sin embargo en esta ocasión lo hace a través del ojo de un antiguo fotógrafo de guerra cargado del bagage de incalculable valor de la experiencia del propio escritor. Un libro para nada "gore" (sic) o macabro, muy al contrario, desde las mismas pinceladas del cuadro de guerra de guerras que nace de la obra, en flashback, el autor nos lleva a las vivencias que este tuvo en las distintas guerras que leyó o vivió (sin que llegue a ser una biografía afirma el autor), sin necesidad de mostrar el lado sangriento de las mismas, más bien desentrañando las tripas de la conciencia misma, que a veces dibuja más duro y frío que un balazo o un machetazo.

 

El libro, continuaron explicando, nos envuelve en una sencilla trama donde un hombre del pasado, un antiguo soldado croata busca al fotógrafo para pedirle cuentas por haberle destrozado la vida con una de sus fotografías. Lo amenaza de muerte y entre ellos se establece una extraña relación de conversaciones que nos llevan por ese recorrer pictórico desde hace más de 3000 años a nuestros días. Un cuadro de guerra de guerras  que el protagonista de la novela está pintando en un torreón de una playa onubense.

La tensión está garantizada, a pesar de la supuesta sencillez de la trama que se sustenta en pocos pilares, uno no sabe qué sucederá y uno necesita continuar leyendo, y pensar, y vomitar fantasmas, y continuar. La enmarañada trama nos empuja a pensar continuamente como se solventará la situación. La historia nos seduce, nos envuelve de planteamiento vital.

Por otro lado, la mujer, Ella, no podía faltar en la obra de Reverte. Olvido Ferrara, (sin la que la novela decía él mismo, no tendría sentido), la historia de amor, tal y como mencionó Rafael de Cózar, más hermosa y profunda jamás contada por el autor. Arturo nos llegó incluso a deleitar con una de las escenas que dijo, disfrutó mucho escribiendo. El desnudo de Olvido cerca del marco de la ventana observando el incendio de la ciudad. "Estoy tomando un baño de fuego, como otros toman baños de sol"... Faulkes se acercó a ella y la abrazó y notó que su piel era fría y sintió la frialdad de la guerra, del mundo a través de su piel.

Juan Eslava aseguraba que se trataba de una novela distinta a las escritas por Arturo hasta esos días, incluso, se atrevieron a afirmar que se trataba de la mejor.

Una novela que exige una lectura y relectura dada su profundidad. Y de la que tuvieron que releer el final unas veinte veces.

Fue una charla distendida entre tres amigos, aunque con ese toque amargo que posee el libro. Una presentación distinta, como la propia novela. Que exigía un planteamiento y enfoque bastante menos relajado  que otras obras publicadas por el autor.

Conclusión: Arturo Pérez-Reverte

"El universo es muy cabrón, mata fríamente, tiene unas reglas inmutables y frías. Pienso que el horror es frío." "La primera sensación de horror que recuerdo fue cuando me dijeron que besara a mi abuelo. Mi abuelo estaba muerto, pero no fue su muerte lo que me espantó, sino el contacto de mis labios con su rostro frío." "Pero no nos sintamos inocentes, el horror no es tripas ni gore, el horror somos nosotros". "El soldado serbio que viola a una joven croata también eres tú. El horror está en la sonrisa de un niño de cinco años que dentro de unos años se convertirá en el verdugo de aquellos que violaron a su madre". "Formamos parte de ello. No vale decir yo soy pacífico y no tengo nada que ver con ello porque sí tienes que ver con ello". "Yo he ido a guerras y no he matado a nadie, pero he sentido remordimientos. Ante esa certeza, he escrito esta novela"

Gracias a los tres una vez más.

Teresa Domínguez

Reportaje de fotos de la presentación del libro

Cuaderno de bitácora

Arturo Pérez-Reverte en Iteresa

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